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Obra de José Clemente Orozco sobre la Conquista se exhibe en Guadalajara

06 Sep 2017
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México, 6 Sep (Notimex).- A 68 años de su muerte, que se cumplen este jueves, el muralista mexicano José Clemente Orozco se mantiene vigente a través de su obra, prueba de ello es la exposición “Orozco y los teules, 1947”, que se presenta hasta el 5 de noviembre en el Instituto Cultural Cabañas, ubicado en Guadalajara.

“La obra que se encuentra en el Hospicio de Guadalajara está estrechamente relacionada con el discurso curatorial de la muestra y con el tema que estamos llevando, que es la narración visual de la Conquista de México. Se presentará casi toda la obra que se expuso en la Ciudad de México”, explicó Dafne Cruz Porchini, curadora de la exposición.

El muralista desarrolló una serie de 60 piezas, entre pinturas y dibujos, a la que llamo “Los teules”, con la que mostró el enfrentamiento entre españoles e indígenas. Con el encargo de El Colegio Nacional, del que fue miembro fundador y donde se presentó por primera vez, Orozco realizó esta serie en 1947, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes.

José Clemente Orozco nació en Zapotlán el Grande, hoy ciudad Guzmán, Jalisco, el 23 de noviembre de 1883; a la edad de dos años se trasladó su familia a Guadalajara y cinco años después a la Ciudad de México.

Ese año (1890) ingresó a la escuela primaria anexa a la Normal de Profesores y por la noche tomaba algunas clases de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En 1897, su familia lo envió a estudiar por tres años la carrera de perito agrícola en la Escuela de Agricultura de San Jacinto, detalla El Colegio Nacional en su sitio electrónico (colegionacional.org.mx).

Cuentan que dejó la Escuela de Agricultura para ingresar a la Nacional Preparatoria, donde permaneció por cuatro años con el propósito de estudiar Arquitectura, pero la obsesión de la pintura lo hizo dejar los estudios preparatorios y volver a la Academia de Bellas Artes, lugar en el que estudió de 1906 a 1910.

Al morir su padre tuvo que trabajar para sostener sus estudios, estuvo como dibujante de arquitectura y en el taller gráfico de El Imparcial, así como en otras publicaciones.

En 1916 presentó su primera exposición individual en la librería Biblos, la cual fue poco comprendida por la novedad de su arte.

En 1917 viajó a Estados Unidos y a su regreso pintó algunos cuadros, en especial Soldaderas, Combate y el retrato de su madre, añade la misma fuente.

Por su parte el sitio “biografiasyvidas.com” recuerda que en 1922 se unió a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y otros artistas para iniciar el movimiento muralista mexicano, que tan gran predicamento internacional llegó a tener y que llenó de monumentales obras las ciudades del país. En 1925 pintó “Omnisciencia”, un mural en la Casa de los Azulejos.

De 1927 a 1934 vivió en Nueva York, Estados Unidos, donde pintó una serie de cuadros que muestran el carácter deshumanizado y mecanicista de la gran metrópoli, y otra con temas mexicanos de la Revolución; en 1930, el Frary Hall del Pomona College, en Claremont, California, se convirtió en casa del mural “Prometeo”.

En la New School for Social Research de Nueva York realizó varios murales sobre la fraternidad y la revolución universal, la esclavitud y el trabajo, las artes y las ciencias, realizados conforme a las teorías de la simetría dinámica, y en la Biblioteca Baker del Dartmouth College de Hannover, New Hampshire pintó otra serie con temas mexicanos.

Al Regresar a México realizó un gran tablero para el Palacio de Bellas Artes que Justino Fernández denominó “La katharsis” en 1934, y entre 1936 a 1939 trabajó en Guadalajara donde pintó los muros del foro del Paraninfo de la Universidad, la escalera del Palacio de Gobierno y la capilla del Hospicio Cabañas.

Para la Suprema Corte de Justicia de México, Orozco realizó dos murales: en 1940 y 1941, que son un compendio de las obsesiones de su vida: La justicia y Luchas proletarias y en 1948 para el Castillo de Chapultepec, Orozco llevó a cabo el que debía ser su último gran mural, como homenaje a uno de los políticos que, por sus orígenes indígenas y su talante liberal, más cerca estaban del artista: Benito Juárez.

El 15 de mayo de 1943 tomó posesión como Miembro Fundador de El Colegio Nacional, institución en la que presentó seis exposiciones a partir de esa fecha y que en 1946 le valió el Premio Nacional de Artes.

 

Orozco murió en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1949 y fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, honor que por primera vez en México se dio a un pintor.

NTX/NMN

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.