Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

¿Despertó la 'Mujer Dormida'? Esto dicen las autoridades

23 Oct 2019
250 veces
  • El Iztaccíhuatl es considerado un volcán activo pero en reposo, debido a que no ha registrado actividad reciente.

 

¿Qué fue lo que ocurrió este miércoles en el volcán Iztaccíhuatl, también conocido como la 'Mujer Dormida'? Esto explica el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC).

 

Distintos medios circularon una imagen de una supuesta explosión de la 'Mujer Dormida' captada a las 5:11 horas por una cámara Tercer Milenio, ubicada en Paso de Cortés, Estado de México.

 

El director de riesgos volcánicos del Cenapred, el doctor Ramón Espinasa Pereña, y la CNPC afirmaron que no se trató de actividad eruptiva en el Iztaccíhuatl.

 

A partir de una sola imagen es difícil determinar qué fue lo que sucedió, pero no hay evidencia de que el Iztaccíhuatl haya registrado una explosión esta madrugada, explicó Espinasa Pereña en entrevista con El Financiero.

 

"No existe ningún registro de una explosión en ese momento. La imagen (que circula) supuestamente fue tomada por una cámara que está situada en Paso de Cortés; a esa misma hora la cámara de Webcams de México, que está situada en la ciudad de Puebla, no muestra absolutamente nada, no hay, no se ve una explosión, sí tenía visibilidad (la cámara) hacia la zona", puntualizó el director de riesgos volcánicos.

 

En tanto, la CNPC indicó en su cuenta de Twitter que de ser así se hubieran observado, desde semanas o meses previos, señales sísmicas en las estaciones de la red del Popocatépetl, lo cual no sucedió.

 

"Lo que sí podemos afirmar es que en caso de que fuera una explosión esta se habría detectado en las redes de monitoreo del volcán Popocatépetl", agregó el doctor del Cenapred.

 

También indicó que en la fotografía que circula se observa del lado izquierdo la estación repetidora de Altzomoni.

 

"En el mismo instante en que ocurre la supuesta explosión, ocurre también un destello de una de las luces de la estación repetidora de Altzomoni, eso nos hace pensar que se trata de un efecto óptico, pero no de una explosión", abundó.

 

De acuerdo con Espinasa Pereña, el Iztaccíhuatl es considerado un volcán activo debido a que ha tenido explosiones en los últimos 10 mil años, pero su última actividad fue en los años 1600.

 

"Existe un reporte de una posible explosión en la región de las rodillas, ocurrida en 1600 y pico, pero no está confirmada. Se considera activo pero en estado de reposo", apuntó.

 

Con información de: El Financiero

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.