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‘Rachel’ evoluciona a huracán y llegará hasta la categoría 3

30 Sep 2026
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  • El jueves 1 de octubre será el día más intenso del huracán ‘Rachel’, aunque su trayectoria será menos riesgosa que la del ciclón ‘Polo’

‘Rachel’ se intensificó de tormenta tropical a huracán, y el nuevo pronóstico indica que será más fuerte de lo esperado mientras provoca lluvias torrenciales en Jalisco, Colima y Michoacán.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos informó que ‘Rachel’ se convirtió en un huracán categoría 1 cerca de las 0:00 horas de este miércoles 30 de septiembre.

Más tarde, el Servicio Meteorológico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) informó que el centro del huracán ‘Rachel’ se ubica 365 kilómetros al sur-sureste de Cabo Corrientes, Jalisco, con vientos máximos sostenidos de 120 kilómetros y rachas de hasta 150 kilómetros por hora, con un desplazamiento de 19 kilómetros por hora.

¿Por qué el huracán ‘Rachel’ será más fuerte de lo previsto?

En la más reciente actualización de Conagua se informó que el huracán ‘Rachel’ alcanzará la categoría 3, contrario a anteriores pronósticos que lo dejaban en categoría 2 como máximo.

Autoridades estadounidenses informaron que es probable que se intensifique más en las próximas horas, y que el jueves 1 de octubre alcance su máxima potencia.

Además, las fuertes lluvias asociadas al ciclón ‘Rachel’, por las que suspendieron clases en Jalisco, podrían provocar “inundaciones potencialmente mortales y deslizamientos de tierra”, de acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes.

Su trayectoria también fue actualizada, y se espera que, a diferencia del huracán ‘Polo’, no impacte en tierra.

Trayectoria ACTUALIZADA del huracán ‘Rachel’

Tras su evolución a huracán, las autoridades explicaron que la trayectoria de ‘Rachel’ será menos peligrosa que la del huracán ‘Polo’ que impactó en tierra, ya que se alejará de las costas a lo largo de la semana.

Actualmente, como huracán, está en su punto más cercano con las costas de México, y se espera que esta sea su trayectoria a lo largo de los próximos días:

30 de septiembre a las 6:00 horas: Huracán categoría 1 a 230 km al oeste-suroeste de Playa Perula, Jalisco.

30 de septiembre a las 18:00 horas: Evolución a huracán categoría 2, a 360 km al oeste-suroeste de Cabo Corrientes.

1 de octubre a las 6:00 horas: Evolución a huracán categoría 3, a 375 km al sur de Cabo San Lucas, Baja California Sur.

2 de octubre a las 18:00 horas: Degradación a huracán categoría 2, a 390 km al suroeste de Cabo San Lucas.

3 de octubre a las 18:00 horas: Degradación a huracán categoría 1, a 540 km al oeste-suroeste de Cabo San Lucas.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.