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Necesario impulsar el talento mexicano para lograr el desarrollo

05 Jul 2017
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*Buscarán que Campus Party se quede en Jalisco

Por Iván Santiago Marcelo. Enviado

Guadalajara, 5 Jul (Notimex).- El gobernador del estado de Jalisco, Aristóteles Sandoval, destacó que para lograr el desarrollo es necesario apostar a la ciencia, la tecnología y la innovación, pero sobre todo, al talento de todos los jóvenes mexicanos.

“Creo que la mejor inversión que estamos haciendo es en jóvenes que van a generar una pequeña empresa, una startup que después va a tener más empleados que van a ser con buenos sueldos”, señaló.

Al inaugurar la octava edición del Campus Party, el mandatario estatal dijo que este evento impulsa a los jóvenes mexicanos para que puedan emprender un proyecto y por ello buscarán que se mantenga en Jalisco por muchos años más.

Dijo que la edición del próximo año está garantizada, sin embargo, con la iniciativa que presentarán ante el Congreso del estado y las disposición de todos los involucrados, buscarán que este evento se quede en Jalisco.

Aristóteles Sandoval sostuvo que Campus Party está muy consolidado, ya que “llegó para quedarse, no vamos a permitir que se vaya, haremos llegar la iniciativa al Congreso del estado para que se pueda hacer una realidad y esto se pueda postergar los años que sean necesarios para que no sólo sea durante esta administración”.

También destacó en este encuentro, considerado como el más importante de tecnología en México, se impartirán conferencias y se realizarán vínculos con empresas que invertirán en desarrolladores, y nuevas ideas.

Además, agregó, los jóvenes tendrán la oportunidad de intercambiar ideas y conocer los casos de empresarios que lograron el éxito a nivel nacional como internacional, esto como una forma de saber que sí se pueden lograr los objetivos.

Por su parte, Raúl Martín Porcel, CEO de Campus Party, dijo a los jóvenes que aprovechen esta edición que se ha logrado gracias al poyo del gobierno de Jalisco, la Universidad de Guadalajara y distintos patrocinadores.

Después de las 9:00 horas de este miércoles, los jóvenes campuseros ingresaron a las instalaciónes de la Expo Guadalajara, donde ya iniciaron las actividades. Los participantes contarán con internet de 20 gigas por segundo.

NTX/ISM/GZP
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.