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Afirman que días nublados también tienen niveles de radiación solar

09 Jul 2017
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Mérida, 9 Jul (Notimex).- El director del Centro Dermatológico de Mérida, José Cerón Espinosa, indicó que persiste el mito entre la población de que cuando el día está nublado, la persona está libre de recibir daños en la piel por los rayos ultravioleta, lo cual es una creencia errónea y arriesgada para la salud.

“Esté nublado o soleado la radiación solar está presente y es necesario que si vas a salir a la calle y te vas a exponer por muchas horas a la intemperie, uses un bloqueador de rayos ultravioleta aunque supongas que el sol no está presente”, explicó el especialista en entrevista.

Expuso que la radiación del sol o solar se expresa en tres formas “la luz visible que es la que como su nombre la indica, podemos verla; el calor que es la versión infrarroja de la radiación y que la podemos sentir, y la radiación ultravioleta que ni la vemos ni la sentimos”.

Sin embargo, continuó, precisamente es esta tercera, la que no vemos ni sentimos, la que en realidad nos quema y nos hace sentir sus efectos por las noches y cuando los días están nublados la gente cree que porque no ve la luz del sol ni siente calor, suele estar mucho más tiempo expuesta a la radiación ultravioleta.

Independientemente de que eso hecho cause o no quemaduras en la piel, sí puede provocar un deterioro en la misma como manchas o incluso problemas mayores, dependiendo del tipo de piel o la vulnerabilidad de la misma, pues se sabe que hay diversos tipos que pueden ser más o menos resistentes a la radiación, subrayó.

La mayoría de los cánceres de piel que se tratan en el Centro Dermatológico es de casos de gente que tiene la tez demasiado blanca y en ese sector de la población en que tendría que tomar mayores precauciones independientemente de que los días estén o no nublados, comentó.

Recordó que las horas del día o el periodo con mayores niveles de radiación es de 10:00 a las 16:00 horas, por lo que si la persona va a estar a la intemperie en ese lapso, es recomendable que use un bloqueador solar independientemente si el día es o no muy soleado.

“La realidad es que los casos de cáncer de piel tienden a multiplicarse en todo el mundo y algunos países ya están tomando medidas para evitar la sobreexposición a los rayos solares en el horario antes mencionado, pero debemos promover una cultura de la prevención entre la población mexicana”, dijo.

Lo principal y básico, insistió, es el uso de bloqueadores solares certificados y con un Factor de Protección Solar (FPS) de hasta 50 y que proteja de la radiación tipo “A” que es la que causa las manchas y posibles tumoraciones en la piel, puntualizó

NTX/TAM/LTS/GVG
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.