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Artesanas y artesanos mexiquenses heredan sus conocimientos a las nuevas generaciones

28 May 2024
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Artesanas y artesanos mexiquenses heredan sus conocimientos a las nuevas generaciones Imagen tomada de: http://edomexinforma.com.mx/
  • Cuenta Estado de México con más de 8 mil personas dedicadas al bordado y más de 5 mil creadores de productos de alfarería y cerámica
  • Invita IIFAEM a adquirir piezas a través de las Tiendas de Artesanías “Casart”
En el territorio mexiquense, las maestras y los maestros del arte popular dedicados al bordado y la alfarería transmiten y heredan, de generación en generación, sus conocimientos y saberes ancestrales para mantener vivos sus legados.

José Miguel Flores Pascual, quien forma parte de la cuarta generación de bordadores y teñidores naturales en su familia, señaló que por años se han transmitido los conocimientos, tanto de la actividad tintórea como del bordado mazahua, inspirándose en la flora y fauna local de San Felipe Santiago, municipio de Villa de Allende.

Él aprendió a los 10 años, gracias a su mamá, la maestra Epifania Pascual Gómez. “Mi madre acostumbra a decir que ser artesana le ha permitido tener gratas experiencias personales y profesionales, al dedicarse en cuerpo y alma al bordado mazahua.

“La iconografía plasmada en nuestras piezas ha sido transmitida por generaciones y alberga un cúmulo de experiencias que permite el diálogo entre tejidos, es una terapia muy buena y una fuente de ingresos”, dijo.

Otro ejemplo de la herencia generacional es el de la familia Soteno; en particular de Alfonso, oriundo de Metepec, quien pertenece a la tercera generación alfarera en su familia.

Este alfarero cuenta con una trayectoria consolidada de más de 60 años y actualmente es uno de los artistas más reconocidos en este ramo artesanal.

Él recuerda que inició a los ocho años de edad y fue influenciado por su madre, Modesta Fernández Mata, quien elaboró los primeros árboles de la vida en Metepec, así como cuadrillas y Reyes Magos.

Los Soteno han sido pioneros en la técnica de anilinas, por lo que el maestro Alfonso ha insistido entre su familia y clientela, a no perder esta tradición.

En el Padrón Artesanal del Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México (IIFAEM), se tiene el registro de 8 mil 162 personas dedicadas al bordado, de las cuales 7 mil 425 son mujeres y 737 hombres.

En cuanto a los que se dedican a la alfarería y cerámica, cuenta con 5 mil 029 creadores, de los cuales 2 mil 254 son mujeres y 2 mil 775 son hombres.

Para apoyar a las y los artesanos dedicados a estas ramas artesanales, el IIFAEM invita al público a adquirir sus piezas a través de las Tiendas de Artesanías “Casart” y plataformas digitales como Amazon y Mercado Libre.

Con información de: http://edomexinforma.com.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.