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Fortalece Coahuila la Gestión Cultural Municipal

26 Ene 2026
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Fortalece Coahuila la Gestión Cultural Municipal Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/
  • Capacita Secretaría de Cultura de Coahuila a directores de Cultura de municipios de las regiones Norte y Carbonífera para participar en convocatorias federales 

Con el objetivo de fortalecer las capacidades de gestión cultural en los municipios de las regiones Norte y Carbonífera, la Secretaría de Cultura de Coahuila llevó a cabo una jornada de capacitación dirigida a titulares y responsables de las áreas culturales municipales, enfocada en el conocimiento de convocatorias federales y en la planeación estratégica de la programación cultural.

La secretaria de Cultura de Coahuila, Esther Quintana Salinas, destacó que estas acciones forman parte del compromiso del Gobierno del Estado por impulsar el desarrollo cultural en todas las regiones. “Creemos firmemente que la capacitación es una herramienta fundamental para que los municipios accedan a más recursos y generen proyectos culturales con verdadero impacto social. Agradezco el respaldo permanente del gobernador Manolo Jiménez Salinas, quien ha demostrado con hechos que la cultura es una prioridad para el fortalecimiento del tejido social en Coahuila”, expresó.

La capacitación fue impartida por Blanca Ruvalcaba Cabello, directora de Proyectos y Gestión de Recursos; María del Roble Barrett Zertuche, directora de Vinculación; y Priscila Enríquez Mendoza, subdirectora de Proyectos Federales, quienes presentaron a las y los asistentes las principales convocatorias federales disponibles para los municipios, entre ellas el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), el FOREMOBA y el PROFEST. Asimismo, se resaltó la importancia del trabajo conjunto entre gobiernos municipales y asociaciones civiles culturales para optimizar recursos y fortalecer el desarrollo comunitario.

Durante la jornada también se dio a conocer la convocatoria del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), cuyo objetivo es contribuir a la salvaguarda del patrimonio y la diversidad cultural mediante el financiamiento de proyectos comunitarios que promuevan la creatividad, la autogestión y la investigación cultural. Finalmente, se abordaron los fundamentos de la programación cultural, enfatizando la necesidad de una planeación incluyente, pertinente y con impacto social para las comunidades.

Como parte de las acciones de seguimiento a esta capacitación, la Secretaría de Cultura de Coahuila informa que se llevará a cabo una sesión informativa vía Zoom sobre la convocatoria PAICE el miércoles 28 de enero a las 16:30 horas, dirigida a gobiernos estatales y municipales, universidades públicas estatales y Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) cuyo objeto social sea la promoción y fomento de las artes y la cultura. Esta capacitación será impartida por Blanca Ruvalcaba Cabello, directora de Proyectos y Gestión de Recursos, con el propósito de orientar a las y los interesados de Coahuila en la elaboración y presentación de proyectos culturales en la vertiente de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados.

Con estas acciones, la Secretaría de Cultura de Coahuila refrenda su compromiso de acompañar y capacitar a los municipios en la gestión de proyectos culturales, fortaleciendo el acceso a recursos federales y consolidando una política cultural cercana a la gente en todas las regiones del estado.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.