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Concluye con gran éxito la Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 en Torreón

19 May 2026
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Concluye con gran éxito la Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 en Torreón Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/
  • Miles de familias laguneras disfrutaron durante dos fines de semana de la máxima fiesta literaria y cultural de Coahuila

 

Con una extraordinaria participación ciudadana y una gran respuesta de las familias laguneras, concluyó con éxito la Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 en Torreón, consolidándose por segundo año consecutivo como uno de los encuentros culturales más importantes de la región Norte del país.

 

Durante dos fines de semana, miles de visitantes se dieron cita en el Centro de Convenciones de Torreón para disfrutar de presentaciones editoriales, talleres, conciertos, actividades artísticas y espacios dedicados al fomento de la lectura, en un ambiente de convivencia y celebración cultural.

 

Niñas, niños y jóvenes fueron protagonistas de esta gran fiesta literaria, participando activamente en talleres y dinámicas diseñadas para despertar la imaginación y el gusto por los libros. Destacó también la importante presencia de instituciones educativas y las numerosas visitas escolares que diariamente recorrieron la Feria y participaron en las actividades programadas.

 

La edición 2026 reunió más de 100 expositores, cerca de 30 toneladas de libros y una agenda integrada por más de 130 actividades culturales y 450 sesiones de talleres, además de la participación de alrededor de 400 escritores, presentadores y artistas.

 

Las salas literarias registraron llenos totales en múltiples presentaciones, reflejando el interés del público lagunero por la lectura y el diálogo cultural. De igual manera, los foros alternos tuvieron una extraordinaria respuesta con actividades multidisciplinarias que enriquecieron la experiencia de las y los asistentes.

 

Asimismo, en las actividades realizadas en Cimaco, el escritor y promotor de lectura Benito Taibo fue recibido con gran entusiasmo por lectoras y lectores laguneros, quienes abarrotaron el recinto para compartir un emotivo encuentro en torno a la literatura.

 

Además, como parte de las actividades complementarias de la Feria, la actividad “Noche Española en Duna: Música y tapas”, realizada en colaboración con Heineken y Duna, registró una excelente participación y un gran ambiente de convivencia, reuniendo al público en una velada que fusionó música, gastronomía y expresión cultural.

 

La Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 en Torreón fue también resultado de un gran esfuerzo colectivo en el que participaron activamente instituciones educativas, clubes de lectura, promotores culturales, jóvenes de servicio social, universidades y empresas que contribuyeron a hacer posible un encuentro cercano, vivo y profundamente participativo.

 

Asimismo, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Torreón, las y los asistentes contaron con transporte gratuito hacia la sede del evento, facilitando el acceso de más familias a esta celebración cultural.

 

De igual manera, Fundación Lala se sumó para fortalecer el área FILC Niñas y Niños, respaldando actividades dirigidas al público infantil y fomentando espacios dedicados a la lectura, la creatividad y la imaginación de las nuevas generaciones.

 

Asimismo, el pabellón “Coahuila Pa’l Mundo” se convirtió en uno de los espacios con mayor participación por parte del público, gracias a sus activaciones, dinámicas y actividades interactivas que reunieron a niñas, niños, jóvenes y familias en un ambiente de diversión y convivencia.

 

De manera especial, esta edición albergó el Encuentro de Mediadores de Lectura de Coahuila y Durango, un espacio de intercambio de experiencias y estrategias de promoción lectora que contó con el acompañamiento del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), organismo auspiciado por la UNESCO.

 

La secretaria de Cultura, Esther Quintana Salinas, agradeció a las familias de Torreón y de toda la Región Laguna por hacer suya nuevamente la Feria Internacional del Libro Coahuila.

 

“Nos vamos muy contentos y profundamente agradecidos con la gente lagunera. Vivimos una Feria extraordinaria, con una gran afluencia, salas literarias llenas, foros exitosos y miles de personas disfrutando de la cultura y los libros. La respuesta del público superó nuestras expectativas y confirma que La Laguna es una región que abraza la lectura y el arte con enorme entusiasmo”, expresó.

 

Destacó además que esta edición permitió fortalecer el acercamiento de niñas, niños y jóvenes a la lectura, además de consolidar a la FILC como un espacio de encuentro, aprendizaje y convivencia para todas las generaciones.

 

Finalmente, Esther Quintana reiteró la invitación para reencontrarse en la edición 2027 de la Feria Internacional del Libro Coahuila en Torreón, con nuevas historias, actividades y experiencias culturales para seguir fortaleciendo el acceso a la cultura en La Laguna.

 

Con España como país invitado y bajo el eje temático “Futbol, arte y literatura”, la Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 en Torreón cerró una edición histórica que reafirmó el poder de la cultura para unir comunidades, generar diálogo y construir espacios de encuentro a través de los libros.

 

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.