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Ciudad de México, una de las más importantes del mundo Felipe Leal

24 Mar 2018
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México, 24 Mar (Notimex).- En el marco del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, el arquitecto mexicano Felipe Leal, aseguró que la Ciudad de México es una de las más importantes del mundo, pero tuvo que tener cambios sobre todo en Reforma y otras periferias.

 

Durante el diálogo “Espacio público en el Centro Histórico”, que dictó el arquitecto Leal, acompañado por la historiadora Alejandra Moreno Toscano en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, explicó a través de imágenes que Reforma tuvo cambios trascendentes a lo largo de estos últimos 10 años.

Agregó que el eje de Reforma viene de la Basílica de Guadalupe en el norte, hasta las Lomas de Chapultepec y llega a Santa Fe e Insurgentes que lo cruza de norte a sur.

“Nos vamos a concentrar en la parte Bosque de Chapultepec, Paseo de la Reforma, Monumento a la Revolución, la Alameda y Zócalo, en este cuadro, en que la posición era que la ciudad estaba padeciendo, que era como decir teníamos un enfermo en terapia intensiva y habría que atacarlo en sus órganos vitales”, detalló.

Ante esto, el arquitecto Leal, dijo que se hicieron una serie de acciones para saber cómo intervenir ese cuerpo que estaba herido, por ejemplo hace 10 años en Paseo de la Reforma lucía vacío.

Reiteró que en Reforma hace una década se estaba vaciando de su centro, porque empezó a crecer hacia Santa Fe y hacia el sur de la ciudad, estaba teniendo una explosión, es como si fuera un cuerpo en que sus órganos vitales estuvieran vaciados.

Había un problema de operación fundamental, agregó Leal, se atacaron hacia el norte en Garibaldi, al poniente en Plaza de la República, hacia el oriente en Francisco I. Madero.

“Hoy Paseo de la Reforma está recuperado, con pavimentos, que fueron seis kilómetros, que fue el de recuperación mayor, que viene del Bosque de Chapultepec hasta Avenida Juárez, con cruceros peatonales, banquetas, vegetación y monumentos que se restauraron”, apuntó.

Entanto, la historiadora Alejandra Moreno Toscano comentó que los 25 años más productivos del Centro Histórico hicieron que la Ciudad de México mantuviera su orgullo de capital de la República.

Moreno Toscano reconoció dos tareas simultáneas que dieron resultados notables: la apertura del espacio público para el encuentro entre los diferentes sectores de la ciudadanía y la recuperación con calidad con el mejor diseño posible de los mismos.

Es así que intervenciones de calidad en el espacio público, lo han ido transformando para hacerlo más transitable y disfrutable. Las calles del Centro Histórico se caracterizan por la diversidad que ahí converge; desde niños, hasta adultos en plenitud pueden acceder a una gran variedad de ofertas arquitectónicas, culturales, artísticas y comerciales.

Moreno Toscano concluyó que otro instrumento de construcción de bienes públicos fue el cambio en los hábitos de movilidad, creando un centro transitable sin auto, con bicicletas y otras modalidades de transporte de uso público en el Centro Histórico.

 

NTX/LGZ/LRL

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.