Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Francisco Gabriel Pacheco disfruta la magia del juego de pelota mesoamericano

01 Abr 2018
428 veces
* A sus 16 años de edad, asegura sentirse orgulloso de practicar un deporte con tradición milenaria

 

Por Maricruz González May. Enviada

Papantla, Ver., 1 Abr (Notimex).- Conocido como una práctica en la que sólo había dos opciones: vivir o morir, el juego de pelota mesoamericano -mejor conocido como Ulama- es hoy en día un deporte que practican niños, jóvenes y adultos en al menos 15 entidades de la República, entre ellas Veracruz, Sonora, Quintana Roo, Tlaxcala, Puebla y Estado de México.

Francisco Gabriel Pacheco López, de 16 años de edad, es un ejemplo de disciplina y dedicación, y es que desde hace más de 18 meses práctica este deporte, cuyos orígenes se remontan al año 1400 a.C. y su ejecución tenía un contenido simbólico relacionado con la lucha entre la noche y el día, la luz y la oscuridad, e incluso con el sacrificio en algunos casos.

Originario de Puebla, Pacheco López asegura que contrario a las creencias de que esta práctica resultaba en la época prehispánica una determinante para vivir o morir, hoy en día es sólo símbolo de orgullo por representar una de las actividades más sobresalientes de las culturas Mesoamericanas.

Poner en práctica los golpes con la cadera no es cosa fácil, por eso Francisco Gabriel y otros jugadores se someten a rigurosos entrenamientos para no dislocársela o en su defecto lastimarse lo menos posible, ya que es inevitable no tener moretones pues la pelota con la que se juega es de hule macizo y pesa aproximadamente 3.800 kilogramos.

De acuerdo con el joven jugador, es el sinaloense José Lizarraga Covarrubias, jugador y fundador de la Asociación de Juego de Pelota Mesoamericana quien los entrena por algunas temporadas.

“Tenemos entrenamiento continúo sobre el tipo de golpeo y el fajado, porque este cuero no es adorno, sino más bien nos ayuda a protegernos de los golpes. Al principio tenía hematomas demasiado grandes y me dolía, pero ya con la práctica no te duele si le pegas con la parte correcta”, compartió.

No obstante, a fin de evitar cualquier lesión, algunos jóvenes se someten a masajes para cerrar la cadera o aliviar las dorsales, espalda, omóplatos. ”Se debe estar bien física y espiritualmente para poder trabajar en equipo porque en la cancha hay magia en los partidos, algo pasa, se crea sinergia entre todos y al final, es la pelota la que decide quiénes ganan”, expresó.

Con aplomo luego de jugar 40 minutos bajo los rayos del Sol, Francisco Gabriel Pacheco López explica en que consiste su fajado. “Es un calzón de cuero con una media luna que cubre la parte donde golpeas, una faja de mezclilla o estambre y un chimali (cinturón de cuero que va ajustado alrededor de la cintura y de los glúteos para mantenerlos apretados”.

El joven ha decido incluir en su atuendo un hueso y una pechera que ha dibujado con pintura blanca., “Es cómo se pintaban nuestros ancestros, aunque he leído que algunos de ellos lo traían tatuado”,apuntó.

Al hablar sobre su decisión de practicar este juego, el joven estudiante de primer semestre de bachillerato señaló: "Primero me motivó el saber cómo lo jugaban nuestros ancestros y luego pensé que podría yo ayudar a revivir esta tradición, y así lograr que no se olvide.

Estudios realizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) indican que El Tajín es la ciudad con mayor número de juegos de pelota, lo que puede interpretarse como una necesidad ante la diversidad cultural que, de acuerdo con la época, pudo habitar la ciudad.

Y es que no solo en Veracruz se puso en práctica este deporte, pues hay indicios que señalan que también tuvo presencia en Yucatán, Sinaloa, San Luis Potosí y Tlaxcala, entre otras entidades de la República.

“Jugar es una emoción que no te la puedo describir porque es algo muy grande. Estoy pegándole a una pelota del deporte que se jugó hace años y yo formo parte de esto”, expresó con emoción Francisco Gabriel, quien desea conseguir una beca de la Asociación de Juego de Pelota Ulamaztli para poder continuar sus estudios profesionales sin tener que abandonar este deporte.

Durante la semana, él invierté dos de sus tardes a la práctica del Ulama, pero a diferencia de cuando ya está en torneo, entrena en piso liso y techado. “Ya cuando estamos compitiendo con otro equipo, jugamos descalzos al aire libre en una cancha de 40 metros de largo y cinco de acho, dividida por una línea intermedia, llamada ‘nalco’”, anotó.

Actualmente, reporta la asociación de Juego de Pelota Mesoamericana, existen cerca de 17 entidades que cuentan con un equipo, por lo que en México existen entre 800 y 900 jóvenes, entre hombres y mujeres, que practican esta milenaria tradición, así como varios niños que ya se preparan para conformar nuevos equipos.

De hecho, Teotihuacán será la sede del segundo Encuentro Internacional de Jugadores de Pelota, donde participará Belice y Guatemala, que tendrá lugar los días 4, 5 y 6 de mayo próximo.

NTX/MAY/LMC

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.