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¡Ten cuidado! Estas fueron las cinco Afores con más quejas en 2020

05 May 2021
211 veces
  • Las cinco entidades acumularon el 73 por ciento del total de las quejas del sector.

 

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) reveló cuales fueron las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) que recibieron más quejas durante el 2020.

 

Acorde con el Buró de Entidades Financieras, de enero a diciembre del año pasado se recibieron un total de 9 mil 554 denuncias de las 10 administradoras que operan en el país.

 

Las cinco administradoras con más reclamaciones fueron las siguientes:

 

  1. Afore Azteca con 2 mil 694 quejas

 

  1. Afore XXI Banorte con mil 423

 

  1. Citibanamex Afore con mil 305 quejas

 

  1. Afore Principal con 920 quejas

 

  1. Afore Bancoppel con 640 quejas

 

De acuerdo con el último reporte del organismo, estas cinco administradoras representan el 73 por ciento del total de las quejas del sector.

 

Con respecto al Índice de Desempeño de Atención a Usuarios (IDATU), que es la manera en que la Afore atiende la queja ante la Condusef, durante los primeros nueve meses del año, el IDATU se ubicó en promedio en 7.60; mientras que al promediar los 12 meses mejoró ligeramente a 7.63.

 

En este sentido, las Afores que mejor tratan a sus clientes que presentan una queja, según la calificación obtenida por cada una de ellas, fueron: Afore Inbursa con 9.95, seguida de Profuturo 9.36 y Afore XXI Banorte con 8.54.

 

En cuanto al porcentaje de Resolución Favorable al usuario del sector Afores fue de 54.6. Las Afores que resuelven más quejas a favor del usuario fueron: Invercap con 78.5 por ciento, Afore Coppel con 77 y Principal Afore con 73 por ciento.

 

Los Afores que tardan más tiempo en resolver una queja fueron Pensionissste con 34 días en promedio, Principal Afore con 32 y Sura con 28.

 

Por último, las administradoras que menos tiempo tardan en resolver el problema fueron: Afore Azteca con 17 días en promedio, Afore Invercap en 19 y Afore Citibanamex en 20.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.