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Sheinbaum desestima riesgo de ruptura en la ‘4T’

07 Ago 2025
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Sheinbaum desestima riesgo de ruptura en la ‘4T’ Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein
  • Claudia Sheinbaum enfatizó que los integrantes de Morena deben preservar la unidad del movimiento

La presidenta Claudia Sheinbaum minimizó el riesgo de ruptura en Morena y sus aliados, derivado de la reforma electoral que impulsa su gobierno, y aseguró que la ‘Cuarta Transformación’ “va para largo”.

El líder de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, advirtió que, con las reformas impulsadas por Sheinbaum, como las relacionadas con el nepotismo y la no reelección, existe una “disputa interna insalvable”, lo cual podría ser “suicida” para el partido en el poder.

Cuestionada al respecto, la presidenta dijo que, según su interpretación, lo planteado por Monreal es un llamado a cuidar que no vaya a ocurrir una ruptura interna.

“Más bien hay lecturas, ¿no? Como lo planteó Ricardo Monreal, es más bien que no vaya ocurrir; hay que cuidarnos para evitar que haya una disputa interna, que es lo que podría hacerle daño a nuestro movimiento. No es que por esta reforma vaya a ocurrir, sino más bien hay que procurar todos que no haya disputas internas que puedan llevar a una división”, aclaró.

Según Sheinbaum, aunque es presidenta, está de acuerdo en que todos aquellos que forman parte del movimiento, y particularmente los que tienen responsabilidades partidarias, deben cuidar la unidad del movimiento.

“Aunque soy presidenta, estoy de acuerdo en el sentido de que todos aquellos que formamos parte de este gran movimiento y particularmente los que tienen responsabilidades partidarias –yo tengo otra responsabilidad– deben cuidar la unidad del movimiento.

“Lo hice como candidata a la Presidencia de la República, hasta que, pues, dejo mis responsabilidades partidarias. Pero aquí también tengo una responsabilidad de conducir un proyecto de nación. Entonces, mi lectura es más bien en ese sentido de que hay que cuidarnos, hay que procurar que ninguno de estos temas vaya a generar una disputa interna”, consideró.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.