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Recolectan más de 825 toneladas de hidrocarburos por derrame en costas del Golfo de México

31 Mar 2026
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Recolectan más de 825 toneladas de hidrocarburos por derrame en costas del Golfo de México Imagen tomada de: https://x.com/eltemagv
  • El Grupo Interinstitucional informó que desde el pasado 2 de marzo se han recolectado más de 825 toneladas de hidrocarburos en playas y aguas de la costa del Golfo de México

 

Las labores de contención y limpieza por la presencia de hidrocarburos en costas del Golfo de México han permitido recolectar más de 825 toneladas de material contaminante desde el pasado 2 de marzo hasta la fecha, informó el Grupo Interinstitucional encargado de atender la contingencia liderado por la Secretaría de Energía (Sener) y Petróleos Mexicanos (Pemex).

 

Si una tonelada de crudo equivale a 7.3 barriles, y cada barril contiene alrededor de 159 litros, la magnitud del derrame equivale a llenar 30 pipas de combustible o más de 20 albercas domésticas llenas de hidrocarburo.

 

De manera desagregada, se han recolectado 785 toneladas de hidrocarburo en playas y 40.6 toneladas adicionales en el mar, lo que refleja la magnitud del evento y la intensidad de las labores desplegadas en la región.

 

El fenómeno ha impactado principalmente zonas costeras de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, donde se han atendido al menos 39 playas, un manglar y un estero, en medio de recales intermitentes de material oleoso, especialmente en las entidades del norte del Golfo.

 

¿Cómo es el operativo de contingencia por presencia de hidrocarburos?

Para enfrentar la contingencia, las autoridades han desplegado un operativo de gran escala con más de 3 mil elementos, incluidos efectivos de la Secretaría de Marina y personal de Petróleos Mexicanos (Pemex), así como de diversas dependencias ambientales y locales.

 

El dispositivo incluye 47 embarcaciones, siete aeronaves, drones aéreos y submarinos, además de mil metros de barreras de contención instaladas en puntos estratégicos.

 

Tan solo en la última jornada reportada, se recolectaron 42 toneladas de hidrocarburos en playas y 0.6 toneladas en mar, mientras que las brigadas atendieron más de 54 kilómetros de litoral, acumulando más de 630 kilómetros intervenidos desde el inicio del evento.

 

Factores meteorológicos complican limpieza de playas

Las autoridades explicaron que factores meteorológicos como frentes fríos, oleaje elevado y vientos han favorecido el desplazamiento del hidrocarburo hacia zonas costeras, complicando las tareas de contención y limpieza.

 

En paralelo, Pemex informó que detectó la reactivación de emanaciones naturales de hidrocarburos frente a las costas de Coatzacoalcos, lo que ha obligado a intensificar las acciones de monitoreo, contención y saneamiento en esa zona.

 

Asimismo, se han iniciado inspecciones a infraestructura petrolera en el complejo Cantarell, particularmente en los ductos asociados a los centros Akal C y Akal H, para verificar su integridad mecánica y descartar posibles fugas.

 

En el frente social, el impacto ya comienza a sentirse en comunidades costeras, especialmente en actividades como la pesca y el turismo. Ante ello, Pemex ha destinado apoyos por 35 millones de pesos para pescadores, servicios de salud y suministro de combustible, además de implementar esquemas de empleo temporal en labores de limpieza.

 

La contingencia también ha derivado en acciones legales. La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) presentó el 27 de marzo una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República por posibles delitos ambientales, mientras continúa la investigación para determinar el origen del hidrocarburo.

 

Las autoridades advirtieron que las sanciones por daños ambientales pueden alcanzar penas de hasta nueve años de prisión, además de multas económicas y la obligación de reparar el daño.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.