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México estudia su marco fiscal ante posible reforma en Estados Unidos: Meade Kuribreña

15 Mar 2017
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Los países comparten la necesidad de reaccionar ante un cambio paradigmático en la materia, dijo.

El secretario de Hacienda y Crédito Público participó en la 100 Asamblea General de Socios de la American Chamber México.

El secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribreña, dio a conocer hoy que el Gobierno de la República estudia su marco fiscal ante una posible nueva reforma en Estados Unidos, dada la relevancia que tiene para nuestro país lo que en esta materia acontezca en la Unión Americana.

“Yo creo que es un tema bien importante, así como lo es el tema comercial, cuál sea la arquitectura fiscal de Estados Unidos es relevante para México y es relevante para el mundo”, afirmó el secretario de Hacienda.

Durante su participación en la 100 Asamblea General de Socios de la American Chamber México, Meade Kuribreña consideró que una posible reforma fiscal en Estados Unidos genera incertidumbre global y todos los países comparten la necesidad de reaccionar ante un eventual cambio en la materia.

Explicó que el gobierno estadounidense ha planteado diferentes posibilidades como la propuesta de reducir la tasa impositiva o crear un impuesto fronterizo, cada uno con diferentes implicaciones y con una necesidad de respuesta por parte de México y del resto de los países.

“Estaremos acompañados en la incertidumbre, acompañados seguramente en la reacción y acompañados en el análisis, yo creo que es un tema que hay que estudiar bien”, reconoció Meade Kuribreña.

Durante el diálogo, el secretario de Hacienda explicó que en materia fiscal los países en el mundo sólo aplican el Impuesto Sobre la Renta, al Valor Agregado, sobre Producción y Servicios y al Predial.

“No hay más que eso, no hay una mezcla distinta. En general las reformas fiscales que vemos en el mundo tienden a ser reformas que modifican los parámetros de estos cuatro elementos. En México nuestra gran oportunidad para hacer las cosas mejor es el predial”, dijo.

Además, sostuvo que en nuestro país únicamente se cobra 0.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de predial, mientras que en América Latina esta cifra alcanza el 1.7 por ciento, en la OCDE el 2.2 por ciento y en Estados Unidos el 3.2 por ciento.

La  American  Chamber  México  agrupa a mil 400 empresas que representan cerca del 70 por ciento de la Inversión Extranjera Directa (IED) en nuestro país y alrededor del 30 por ciento de la fuerza laboral.

Esta agrupación contribuye al desarrollo de la economía y del comercio y fortalece la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Entre su prioridades está el contribuir positivamente en las políticas públicas y el entorno binacional de negocios

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.