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Banqueros exigen ‘piso parejo’ con bitcoins y Fintech

15 Dic 2017
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Las empresas de tecnología financiera que hacen operaciones de servicios financieros o transacciones con criptomondeas deben cumplir igual que los bancos con regulaciones, estimó ABM.

Las empresas de tecnología financiera (Fintech) que operan en el país, que realizan igual operaciones de servicios financieros, o transacciones con criptomonedas como el bitcoin, deben cumplir igual que los bancos con regulaciones que van desde mínimos de capital hasta conocer a los clientes para prevenir el lavado de dinero, estimó Marcos Martínez, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM).

En reunión con medios, Martínez Gavica explicó que en la asociación hay una diversificación de bancos y por ende distintas opiniones sobre el manejo de las criptomonedas.

“Hay varios bancos enfocados a los sistemas de pagos que son los más cercanos al bitcoin, blockchain, ahí lo que parece importante como banca es que si pones un banco que se dedica a esto y te piden capital mínimo y reglamentaciones como conocer a tu cliente y las cumples, que si entras por las Fintech también las cumplan y eso es por el beneficio de la gente y el sistema, me quiero imaginar que a los bancos no los están sobreregulando”, comentó.

Acerca del aumento de tasas que ayer anunció el Banco de México, aseguró que es congruente con lo que se ha venido haciendo, “más que la sorpresa, fue consistente, lo que si vemos es que pareciera ser la última subida de tasas. La buena noticia es que hizo lo que tenía que hacer y a nadie sorprendió”.

Para el próximo año, consideró a la renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y las elecciones presidenciales como los eventos que más incertidumbre generarán.
Sin embargo, para el sector bancario, aseguró no ven nada serio que haga que cambie el trabajo normal que vienen haciendo de dar crédito, y por el contrario, anticipó que crecerán la cartera a doble dígito.

En su mensaje, indicó que los bancos están concentrados en bancarizar y dar crédito, pero es importante que en el próximo proceso electoral se garantice el proceso democrático y adelantó que trabajan con las autoridades en la implementación de las medidas de prevención de robo de identidad, así como la creación de una base única de datos biométricos.
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.