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Hay al menos 50 denuncias contra empresas que quieren 'becarios aviadores': STPS

08 Abr 2019
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Hasta la fecha hay más de 50 denuncias en contra de organizaciones y empresas que buscan quedarse con un porcentaje de la beca de 3 mil 600 pesos establecidas en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro a cambio de inscribir a becarios, darles solo un porcentaje del apoyo y simular que se están capacitando sin realmente ir a laborar, informó la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde.

“Hemos recibido alrededor de 50 denuncias que se están atendiendo, y sobre todo estamos viendo cuáles son esos centros de trabajo. Entiendo que algunas de ellas son organizaciones de la sociedad civil, no tanto empresas, entonces estamos identificándolas”, dijo este lunes la secretaria al ser entrevistada en el marco de la firma de un convenio en la Ciudad de México.

Estos casos han salido a la luz a raíz de las denuncias en redes sociales de los jóvenes. Por ejemplo, en un caso un usuario de Facebook denunció que un individuo le estaba ofreciendo el 50 por ciento de la beca a cambio de darlo de alta en su organización y simular que se está capacitando.

Asimismo, se exhibió un caso en donde en un grupo de Facebook llamado “PUEBLA BAZAR Vende $ Compra $ de TODO”, un usuario publicó un anuncio en el que solicita 450 pesos a cambio del trámite de inscripción a las becas, no obstante, este proceso es gratuito.

Alcalde apuntó que, a las empresas que están siendo señaladas de caer en prácticas que no tienen que ver con el programa, se les está 'congelando' hasta que no se concluyan las investigaciones correspondientes.

“Obviamente se les está congelando en lo que se hace la investigación, es decir, con congelando quiero decir que se desvincula a los aprendices, a los becarios, en lo que se hace la investigación. Pero en el caso en el que se incurra en alguna cuestión que nada tiene que ver con el programa se les da de baja”, agregó.

Alcalde expuso que, intentando contrarrestar esta práctica, han habilitado la posibilidad de que a los jóvenes a los que se les haga este ofrecimiento puedan denunciarlo ante la secretaría que dirige.

“Estamos habilitando todos los filtros, habilitando, por ejemplo, la posibilidad de que cualquier joven que se le presente este ofrecimiento por parte de un tutor de ‘no vengas y dame una parte’, lo puedan denunciar” , abundó.

De la misma forma, Alcalde manifestó que hasta la fecha, hay casi 300 mil jóvenes que se han vinculado con diferentes empresas como parte del programa.

 

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.