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El TEPJF dona más de 20 mil ejemplares de su acervo bibliohemerográfico a la Secretaría de Educación, Ciencia y Tecnología de la CDMX Destacado

06 Ago 2025
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El TEPJF dona más de 20 mil ejemplares de su acervo bibliohemerográfico a la Secretaría de Educación, Ciencia y Tecnología de la CDMX Imagen tomada de: https://www.te.gob.mx/

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) entregó en donación a la Secretaría de Educación, Ciencia y Tecnología de la Ciudad de México (SECTEI) 20 mil 984 volúmenes de su acervo bibliohemerográfico con el propósito de promover la cultura democrática y la construcción de una sociedad más informada y participativa.

 

Al encabezar la firma del Convenio de donación de las obras, en representación de la magistrada presidenta de la Sala Superior, Mónica Aralí Soto Fregoso, el coordinador general de la Oficina de la Presidencia del TEPJF, Jorge Enrique Mata Gómez, dijo que el Tribunal no solo es un órgano jurisdiccional, sino también un actor primordial en la defensa, difusión y consolidación de los valores democráticos.

 

En este sentido, agregó, las publicaciones del máximo órgano jurisdiccional son herramientas de reflexión, instrumentos de formación y enseñanza, así como puentes de acceso a la justicia electoral para la ciudadanía, las y los estudiantes y las personas docentes e investigadoras.

 

Destacó la relevancia de la donación a la SECTEI y afirmó que la democracia no se limita a las urnas, sino que se erige de manera constante y exigente en cada espacio donde se informan los ciudadanos, en las aulas donde se fomenta el pensamiento crítico, en los diálogos constructivos y pluralistas que enriquecen la esfera pública, en la deliberación consciente y fundamentada, en el irrevocable respeto a la normativa vigente y en la plena reivindicación y garantía de los derechos inherentes a toda persona.

 

A su vez, el titular de la SECTEI, Pablo Enrique Yanes Rizo, afirmó: “Nosotros somos firmes partidarios de la necesidad de construir una cultura de la lectura y el fortalecimiento de la red de bibliotecas públicas de la Ciudad de México en donde nosotros tenemos una función normativa y articuladora muy importante, por eso cuenten con que los volúmenes que hoy amablemente ustedes nos están donando van a ser distribuidos, utilizados y promovidos para, efectivamente, darle el mayor uso, porque un libro cerrado es un libro muerto y lo que necesitamos son libros abiertos, y generar una cultura de la lectura como un fundamento también de una sociedad informada, de una sociedad deliberativa, y por ende de una sociedad en la que se afincan los valores del diálogo, el debate, el conocimiento mutuo y el respeto a las normas”.

 

Destacó que la donación “tiene la peculiaridad, la particularidad, de que para nosotros también es muy relevante permitir avanzar en la construcción de una cultura jurídica en el país, de una socialización del conocimiento jurídico en donde cada vez más segmentos más amplios de nuestra sociedad tengan un acercamiento a la riqueza del pensamiento jurídico que, por cierto, de ahí se derivaron todas las ciencias sociales y por eso el conocimiento del Derecho es un elemento absolutamente fundamental para el conocimiento de la sociedad, porque pues detrás de la cultura jurídica está un diseño imaginario de la sociedad deseable y en ese sentido nos parece muy importante que en la educación se les pierda miedo a las matemáticas y al Derecho, que esa es una de las labores pedagógicas más importantes que hay que impulsar y estamos seguros que la donación que hoy estamos recibiendo va a ser muy provechosa en esta en esta perspectiva”.

 

Participaron también en la firma del convenio el secretario de Administración del TEPJF, Hilario Pérez León y la subsecretaria de Educación de la SECTEI, Etelvina Sandoval Flores. Estuvo presente en la ceremonia el director general de Documentación del Tribunal Electoral, Agustín Millán Gómez.

 

Con Información de: https://www.te.gob.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.