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Desde San Lázaro. La cadena de mando del Poder Judicial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

04 Sep 2025
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Desde San Lázaro. La cadena de mando del Poder Judicial. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SCJN

Ya con los nombramientos formales de la nuestra estructura jerárquica y operativa del Poder Judicial ha quedado conformada la cadena de mando funcional entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, es decir, los mandos reales que mueven todo el engranaje de esa nueva maquinaria que ideó AMLO para someter a los juzgadores a los designios de la presidenta de la República.

Los nombres de Arturo Zaldívar, coordinador de Política y Gobierno de la Presidencia, y de Ernestina Godoy, consejera Jurídica del Ejecutivo Federal,  saltan a la vista y no solo como los ideólogos de la elección judicial, sino de que el nuevo Frankenstein judicial opere de manera y al gusto de la Titular del Ejecutivo Federal.

Para ello no bastaba contar con nueve ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a modo, sino de un organismo interno que ejerza la plena vigilancia de los juzgadores tanto en  su actuación, como en la evolución de su patrimonio personal, si bien el Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ) no será la Inquisición del Poder Judicial, si será ese ente vigilante con ojos en todas partes para impedir que algún juez, magistrado e incluso ministro, se vaya a pasar de listo, tanto en sus atribuciones legales, como en la conformación de un patrimonio por encima de sus emolumentos personales y legales.

“No se debe tolerar que haya conductas inadecuadas o indolentes en la administración de justicia; no es admisible la impunidad de los malos juzgadores; es inaceptable el retardo de la resolución de asuntos”, dijo la magistrada Celia Maya, presidenta del TDJ.

En tanto, el magistrado Rufino Tamayo advirtió que el TDJ implementará un sistema de control y supervisión integral en todas las instancias de este órgano interno, mediante mecanismos de capacitación y programas preventivos de conductas irregulares.

“Queremos justicia para todos, pero principalmente para las personas que menos oportunidades tienen, queremos respeto a los derechos humanos y aplicación de la ley por encima de privilegios; daremos cárcel a los jueces corruptos y sanciones severas a quienes retarden o resuelvan injustamente”, apuntó el magistrado Tamayo,  uno de los cinco integrantes del TDJ, los otros son, además de la presidenta Celia Maya, Bernardo Bátiz, Indira Isabel García y Eva Verónica de Gyvés.

Los cinco cuentan con la experiencia y prestigio suficiente para llevar a cabo la encomienda más relevante dentro del nuevo Poder Judicial, electo por voto popular.

Así que por un lado tenemos a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, comandada por el ministro Hugo Aguilar y por otro, el Tribunal de Disciplina Judicial que complementan y conforman al Poder Judicial que estará alineado a la presidencia de la República en donde despachan Arturo Zaldívar y Ernestina Godoy.

Este diseño organizacional permitirá a la presidenta Sheinbaum mantener un control permanente sobre el Poder Judicial y que nada se mueva sin su conocimiento, tal como alguna vez aseverara López Obrador en relación a que todos los asuntos relevantes de la política son del conocimiento del presidente de la República.

Veremos que tanto funciona el aparato judicial con estas líneas de mando, ya que de no hacerlo de inmediato se procederá a cambiar los fusibles fundidos para reemplazarlos por otros.

Por lo pronto, el primer paso que dieron los nueve integrantes de la Suprema Corte fue erróneo ya que no solo se violó el Estado laico con arrodillarse ante Quetzalcóatl, en un símil como si lo hubiera hecho ante otros dioses o ante otra comunidad religiosa.

El baño de pueblo con la transmisión del bastón de mando de algunos pueblos originarios, levantó el cejo de los juristas que piensan que el único ordenamiento al que deben plegarse los ministros es a la Constitución.

El artículo 40 de la Carta Magna apunta que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, laica y federal”.

El desliz de los ministros responde más a una instrucción que a voluntad propia, salvo que haya sido una ocurrencia del presidente Hugo Aguilar, quien se cree la reencarnación del prócer oaxaqueño.

La chamanización del máximo Tribunal representa la total ignorancia del estado de derecho que subyace en el Poder Judicial y atentó contra la laicidad.

Los acordeones que acompañaron en su periplo a los nuevos juzgadores y la sobre representación en el Congreso de Morena y rémoras, le quitaron legitimización a la nueva SCJN que nace con una dudosa reputación y poca credibilidad.

Todo el poder en manos de una persona para encaminar a México a nuevos derroteros que esperemos sea para el bien de la Nación, en particular de los que menos tienen y que, por desgracia son la gran mayoría de la población.

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El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.