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Desde San Lázaro. Sin presupuesto y sin fonden. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

13 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Sin presupuesto y sin fonden. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/GobiernoVer

Entre las inundaciones y la ineptitud de los funcionarios de los tres niveles de gobierno, la población afectada en por lo menos seis entidades está en espera de la ayuda gubernamental, aunque esta solo será a través de los planes de emergencia que dispone la Sedena y la Marina, porque otro tipo de apoyo no será posible en virtud de que los fondos de contingencia para desastres los dilapidó AMLO en obras faraónicas, ocurrencias, gasto social y por supuesto, una gran  parte de esos recursos se fueron al pozo de la corrupción.

Durante dos décadas se fue fondeo el Fonden para precisamente en caso de emergencia como ocurre ahora, se ocuparán en reconstruir las áreas dañadas por desastres naturales, sin embargo, en el sexenio pasado, López Obrador se los birló, así como otros fondos de contingencia y fideicomisos que fueron creados para cuando fueran necesarios utilizarlos y no distraer recursos presupuestales de otras partidas en emergencias y contingencias.

En 2020, AMLO desapareció 109 fideicomisos, entre ellos el Fonden y en 2021 la SHCP oficializó su desaparición.

Cientos de miles de mexicanos están literalmente con el agua hasta el cuello; incomunicados, sin alimentos ni medicinas y sin hogar, en tanto la autoridad estatal y municipal clama a Palacio Nacional por la ayuda mínima e indispensable, sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta una crisis financiera que le impide, precisamente en estos momentos, disponer de recursos presupuestarios para apoyar a esa población.

Con una quiebra técnica en las arcas públicas  y en medio del mayor escándalo de corrupción por el huachicoleo fiscal que ha representado una pérdida de 600 mil millones de pesos, el gobierno de la 4T está imposibilitado para inyectar dinero en la reconstrucción de viviendas, carreteras, caminos, escuelas, hospitales y para apoyar con  dinero a la población afectada.

A nivel estatal, diremos que los gobernadores como Rocío Nahle, de Veracruz, Julio Menchaca, de Hidalgo,  Alejandro Armenta, de Puebla y Ricardo Gallardo, de SLP, reaccionaron tardíamente en desplazar a la población afectada y segundo, en establecer los puentes de ayuda humanitaria para asistirlos.

El gobierno de inmediato ha pedido ayuda ciudadana para los damnificados porque por sí solo no puede ayudarlos, sin embargo, como ha ocurrido en el pasado con todos los gobiernos y especial de Morena, mucho de esos apoyos en especie y en dinero se los roban o en el mejor de los casos los etiquetan como una donación del gobierno, aunque si llegan a su destino, ya es ganancia.

Los 600 mil millones de pesos que saquearon al país por el huachicoleo fiscal en donde participaron desde secretarios de Estado (Rafael Ojeda, secretario de Marina y Adán Augusto López, Gobernación) hasta mandos superiores de la Marina y de otros instancias de gobierno , empresarios y familiares de AMLO, serían de inmensa utilidad para proceder a la reconstrucción y apoyar a la población, al tiempo de terminar con el desabasto de medicamentos y poner a las escuelas del país en condiciones de operatividad adecuadas.

Con mentiras y medias verdades atenderá el gobierno de la 4T la emergencia meteorológica y párele de contar, vamos ni siquiera con la presencia de la presidenta Sheinbaum y los gobernadores en las zonas siniestradas.

Recordamos cuando ocurrió la tragedia en Acapulco por Otis, AMLO intentó acudir a la zona devastada, pero en un montaje, simuló un atascó entre el lodo y las piedras, camino a Chilpancingo, cuando por helicóptero pudo haber llegado de inmediato como lo hizo días después a la zona naval y no con los damnificados.

Hasta el momento de escribir esta columna, se desconoce si la presidenta ya recorrió las poblaciones afectadas, aunque lo relevante es que la ayuda llega a cuentagotas, mientras la población de seis entidades mantiene condiciones de precariedad.

Y cada año es lo mismo, la ineptitud gubernamental se escuda en lo atípico de las lluvias, cuando los estudios científicos alertaron de ellas desde hace, por lo menos,  veinte años por el cambio climático.

Tanto Clara Brugada como los gobernadores de Veracruz, Hidalgo, Puebla, Tamaulipas, Hidalgo, Michoacán y Estado de México, quedaron rebasados ante las contingencias meteorológicas, no obstante que, en esta temporada de lluvias y huracanes, se conocían las entidades afectadas y las poblaciones más vulnerables.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.