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Desde San Lázaro. En emergencia por la inseguridad pública. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

23 Oct 2025
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Desde San Lázaro. En emergencia por la inseguridad pública. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/OHarfuch

Las olas de violencia e inseguridad pública que azotan buena parte del territorio nacional, van en aumento, no obstante que ahora sí se combaten a los criminales, a diferencia de lo que ocurría en la administración de López Obrador, en donde los grupos delincuenciales crecieron exponencialmente en el país tomando el control de vastas regiones, merced a que el gobierno federal y por ende  la mayoría de los estados se sumaron a la estrategia de Abrazos no balazos, lo que significó la claudicación del estado en su responsabilidad de proteger la vida, los derechos humanos y patrimonio de los mexicanos.

Obviamente, un año no basta para recomponer el embrollo que dejó AMLO a su sucesora y como se aprecian las cosas, no obstante, el excelente trabajo que están haciendo las fuerzas del orden, encabezadas por el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, el titular de la Sedena, general Ricardo Trevilla Trejo y de la Marina, el almirante Raymundo Morales Ángeles.

Los asesinatos de alto impacto como el del líder limonero, Bernardo Bravo, echan al traste cualquier triunfalismo y deja claro que estamos en una situación de emergencia.

Durante la comparecencia de García Harfuch ante el Senado con motivo de la glosa del Primer Informe presidencial, si algo quedó claro es que el tema de la inseguridad no está resuelto y menos se vislumbran resultados positivos en el corto plazo que vuelvan a darle tranquilidad y protección a la ciudadanía, mientras no se detengan a los delincuentes generadores de violencia, narcoterroristas y toda clase de bichos que crecieron al cobijo de la 4T.

El  titular de la SSPC federal, acudió a la Cámara Alta  para explicar y justificar porque no se han cercenado todos los tentáculos del crimen organizado, ya que mientras bajan algunos delitos de alto impacto como el de homicidio doloso, suben otros, como las extorsiones y las desapariciones.

El gobierno de la presidenta Sheinbaum  está siendo atacado por dos frentes; uno, la inseguridad pública a nivel nacional y otro, la enorme presión de la Casa Blanca para acabar con los narcoterroristas mexicanos que no solo son un cáncer que ya hizo metástasis en el territorio nacional, sino porque amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos con el trasiego de drogas sintéticas, principalmente de fentanilo.

En este contexto, en la comparecencia de Harfuch en la Cámara Alta, si bien los legisladores reconocieron el trabajo realizado, también se reiteró que falta mucho por hacer en donde todos, en especial los legisladores,  tienen un alto grado de responsabilidad en la difícil tarea de apaciguar al país.   En cifras concretas, destacó el funcionario que hay una reducción del 32% en homicidios dolosos a nivel nacional, lo que equivale a 27 asesinatos menos cada día:

“La ciudadanía debe saber que hay 27 homicidios menos diarios, un 32 por ciento menos de homicidios, y una cantidad sin precedentes de drogas, armas y más de mil 500 laboratorios destruidos por el Ejército y la Marina”, destacó.

Esta disminución se acompaña de logros operativos sin precedentes: el aseguramiento de grandes cantidades de drogas y armas, así como la destrucción de más de mil 500 laboratorios clandestinos por parte de la Secretaría de la Sedena y la Semar.

La estrategia del gobierno de la presidenta  se conforma  en cuatro etapas y se basa en la coordinación diaria entre el Gabinete de Seguridad y las entidades federativas. Esta articulación ha permitido ejecutar operativos conjuntos, detener objetivos prioritarios y desarticular células delictivas.

En cuanto al combate al huachicol fiscal, desde marzo se han asegurado millones de litros de diésel en operativos que han derivado en órdenes de aprehensión cumplimentadas. El secretario aseguró que este modelo de investigación y ejecución se replicará en todos los casos, y que mes con mes se registran detenciones relevantes que evidencian la continuidad de la estrategia.

Al cierre de su intervención, reafirmó el compromiso de avanzar cada año en la pacificación del país y sostuvo que el balance del primer año de la administración Sheinbaum es favorable en comparación con el inicio del periodo.

Cierto, ante la carencia de mediciones se diluyen los resultados, aun siendo positivos, por ello, la retahíla de cifras en la comparecencia por parte del titular de la SSPC fue abrumadora, aunque como ya se explicó, falta mucho para lograr la pacificación, consolidar la reducción de delitos y la desarticulación de estructuras criminales.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.