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Desde San Lázaro. CFE en transformación profunda. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

29 Oct 2025
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Desde San Lázaro. CFE en transformación profunda. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/CFEmx

Luego de la desastrosa gestión de Manuel Bartlett en la CFE, ahora con Emilia Esther Calleja  se ha reorientado el rumbo de la Comisión Federal de Electricidad hacia horizontes más sustentables y más incluyentes que permitan generar energías limpias  a precios accesibles al grueso de la población con subsidios relevantes (85 mil millones de pesos en este año) y capacidad de generación y transmisión del fluido eléctrico que atienda la demanda presente y futura.

La funcionaria  compareció  ante integrantes de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, que preside la diputada Rocío Adriana Abreu Artiñano (Morena), con motivo de la glosa del Primer Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo; en donde advirtió que la Empresa Productiva del Estado está  en un momento de transición y transformación profunda, merced a las leyes aprobadas en la materia que representan un parteaguas de cómo se está manejando la ampliación de los temas de energía en el país, además de que CFE es quien más energía limpia produce en México

Para el 2030 se habrá incrementado en más de 22 mil megawatts la capacidad a través de centrales térmicas y de energías limpias, lo que fortalecerá la confiabilidad del sistema y garantizará la energía para los sectores productivos y millones de familias mexicanas.

Sobre la transición energética, se dio a conocer  que en el periodo de enero-agosto de 2024 contra enero-agosto de 2025 se tuvo una reducción  de 5.37 millones de toneladas de CO2; se incrementó la generación hidroeléctrica con los programas de modernización y rehabilitación de las centrales hidroeléctricas, lo que permitió 13.2 gigawatts hora en el 2024 y 16.4 en 2025, al tiempo que  se ha reducido el consumo de combustóleo en 14 mil 555 metros cúbicos.

La nueva naturaleza jurídica de la empresa dio viabilidad al desempeño financiero, pues al segundo trimestre de 2025 los ingresos de la Comisión Federal llegaron a 340 mil millones de pesos, impulsados por un incremento en venta de energía, combustibles a terceros y transporte, y el resultado neto fue de 68 mil 691 millones de pesos.

Este año se han destinado 84 mil 805 millones de pesos para apoyar las tarifas domésticas, beneficiando cerca del 89 por ciento de los usuarios de tipo residencial; todo esto con un subsidio promedio del 47 por ciento en su factura --varía según los criterios de zona y la temporada-- y representa apoyar la economía de millones de familias.

La titular de la  CFE recordó que no se traslada a la población el impacto que tienen  los aumentos a los combustibles y se espera que las tarifas eléctricas no suban por arriba de la inflación.

Los diputados de oposición no desperdiciaron la oportunidad de cuestionar a la funcionaria en torno a los apagones ocurridos hace unas semanas en la península de Yucatán que dejó sin luz por varias horas a tres entidades

Al respecto,  la priista, Lorena Piñón Rivera mencionó que en septiembre esa península  sufrió durante horas un apagón masivo y en lo que va del año han ocurrido otros apagones, por lo que es relevante saber las causas de esas fallas recurrentes.

Hernando Castañeda Córdova  del PAN  manifestó que México atraviesa una crisis eléctrica respecto a apagones, cortes de energía, caídas del sistema y denuncias constantes de expertos, e inquirió cuándo se presentará un calendario de inversión y mantenimiento con reportes trimestrales y verificación pública.

Por su parte, La diputada Patricia Flores Elizondo (MC) estimó que el acceso a la electricidad es un tema de justicia social, equidad territorial y de transición energética, pero la expansión de la red no llega a donde más se necesita y México continúa anclado a los combustibles fósiles; existe electrificación desigual y rezagos históricos. Hoy el 80 por ciento de la generación eléctrica de CFE proviene de combustibles fósiles y apenas el 18 por ciento de fuentes renovables.

En 2024, informó Calleja,  se tuvo un margen de reserva operativa de 10.81 por ciento, el cual garantiza que está la energía disponible para cualquier emergencia, y en promedio en 2025 ha sido del 14 por ciento y 13.74 por ciento. El 9 de junio fue el día de máxima demanda, y la demanda de reserva operativa ascendió a 9.69 por ciento; es decir, “energía hay. Tenemos suficiencia de energía para atender el requerimiento del consumo que está programado”.

Veremos si esto es cierto o solo quedará en buenos deseos lo expresado por los funcionarios de la 4T. 

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.