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Desde San Lázaro. Hace falta algo más que el plan Michoacán. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

06 Nov 2025
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Desde San Lázaro. Hace falta algo más que el plan Michoacán. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

La estrategia para combatir la violencia e inseguridad en Michoacán pasa por un refrito de un Plan Michoacán que se implementó desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, luego con Felipe Calderón, después con Enrique Peña Nieto y ahora con la presidenta Sheinbaum en donde se instrumentan una seria de acciones y políticas públicas transversales para combatir al delito bajo diversos enfoques que van desde la prevención, atención a los niños y jóvenes, hasta establecer la coordinación entre los tres niveles de gobierno y por supuesto, eso se espera, con las partidas presupuestales necesarias para inyectar recursos económicos en la capacitación, profesionalización y mejores sueldos de los cuerpos policiacos estatales y municipales, toda vez que ellos representan el primer dique para contener a los criminales.

El Plan Michoacán de la 4T se presentará terminado en los próximos días y con ello revertir la violencia y la inseguridad pública en Michoacán.

Advierte la presidenta que en su plan no hay permiso para matar, sino que es un instrumento de construcción de paz. No es una declaración de guerra.

 Se trata de un modelo de justicia, desarrollo y respeto a la vida.

Suena más a demagogia que ha acciones eficaces para terminar con los cárteles que agobian a la entidad purépecha.

Paralelo a la instrumentación del Plan Michoacán tomó protesta como Alcaldesa de Uruapan, la viuda de Carlos Manzo, la señora Grecia Quiroz que luego de entrevistarse horas antes con Claudia Sheinbaum, reiteró su deseo de ocupar el puesto que dejo vacante su esposo.

Mientras tanto, las manifestaciones en Morelia y Uruapan continúan con la suma de más sectores de la población.

Con el plan para pacificar Michoacán se pasa necesariamente por anular al gobernador Bedolla por su total inoperancia y no solo en el caso del asesinato de Carlos Manzo, sino también del líder limonero, Bernardo Bravo y otros alcaldes y líderes sociales.  

Está claro que todo lo que se ha instrumentado para combatir a los malosos en Michoacán ha fracaso en menor o mayor medida y ello se debe a que los presidentes municipales son cooptados por los cárteles de la droga y con ello someten a la toda la comunidad porque todo el aparato de gobierno local está bajo los designios de los delincuentes.

Ha habido operativos en el pasado de las fuerzas federales para detener a un sinnúmero de alcaldes por sus actividades delictivas, pero esto no ha sido suficiente para regresar la paz y la seguridad a los michoacanos, ya que, por un lado se interrumpen las acciones federales con los cambios de gobierno y por otro lado, los criminales también han sometido a los gobiernos estatales como es el caso michoacano o en otras  entidades, como Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Veracruz, Guerrero, Tabasco, Chiapas, Baja California, Colima y Nayarit.

Desde luego, la connivencia entre los criminales y el gobierno de AMLO ha sido un detonante relevante en el despunte de los índices delictivos.

La política de Abrazos no balazos, empoderó a los criminales en buena parte del territorio nacional y por ello, ahora Omar García Harfuch, el súper policía, enfrenta un monstruo de mil cabezas que cuando cercena una, salen de inmediato otras de mayor peligrosidad.

Los ofrecimientos del gobierno de Estados Unidos para apoyar el combate contra la delincuencia, no debe echarse en saco roto, toda vez que se requiere su apoyo para crear un frente común internacional para abatirlos.

No se trata de permitir que los marines operen en territorio nacional, sino de generar sinergias entre ambos gobiernos para crear un frente común que permita, de una vez por todas, acabarlos, tanto con su reclusión como con su muerte.

En los últimos años, la población civil esta indefensa ante el embate criminal y el Estado ha sido omiso en protegerlos, por ello se tiene que tener creatividad y receptividad para entre todos, incluyendo los gobiernos extranjeros de la región, para enfrentar a los delincuentes con más recursos.

Tuvo que pasar la desgracia para que el gobierno de la 4T se ponga las pilas para pacificar Michoacán, ojalá que esa atención de la presidenta se dirija a otras entidades que viven el asiduo agobio de los criminales.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.