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Llama Cepeda Salas a sumarse a la consulta nacional para integrar el PND 2026 Destacado

26 Ene 2026
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Llama Cepeda Salas a sumarse a la consulta nacional para integrar el PND 2026 Imagen tomada de: https://snte.org.mx/
  • Al dar la bienvenida al nuevo año, el secretario general del SNTE, maestro Alfonso Cepeda Salas, convocó a los trabajadores de la educación a reiniciar con entusiasmo el ciclo escolar.

El dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)destacó que se encuentra en marcha la 8ª Consulta para la integración del Pliego Nacional de Demandas (PND), ejercicio democrático en el que todos los agremiados pueden participar hasta el 12 de enero, de manera presencial o virtual, para fortalecer la vida democrática de la organización y consolidar una agenda de demandas construida desde las bases.

“Iniciamos este 2026 con el compromiso de mantener un Sindicato fuerte, unido y democrático. La Consulta Nacional es la voz de nuestras compañeras y compañeros, y de ella surgirá el Pliego de Demandas que presentaremos al Gobierno de la República en defensa de los derechos laborales y de una educación pública de calidad”.

El maestro Cepeda Salas encabezó el Primer Encuentro Estatal por la Unidad y la Fraternidad Sindical de la Sección 45, en Guanajuato, que da inicio a los festejos de su 70 Aniversario.

Ante más de 2 mil asistentes, el dirigente nacional recordó que también hay que celebrar la nueva reforma legal con la que se respeta plenamente la autonomía sindical, no sólo del magisterio sino de todos los trabajadores al servicio del Estado. Representa, dijo, un avance histórico al proteger la vida interna de las organizaciones gremiales y establecer sanciones para los funcionarios que pretendan intervenir o desconocer las decisiones de las bases.

“Esta ley es para todos los trabajadores al servicio del Estado. Si alguien se atreve a utilizar recursos públicos para apoyar a alguna planilla o a algún candidato puede ser sancionado hasta con cárcel porque es una causal gravísima utilizar recursos del estado, del municipio y de la federación para estos fines”, advirtió.

En su mensaje, el secretario general de la Sección 45, profesor Juan Rigoberto Macías Vidales, resaltó la grandeza del SNTE por la unidad, fraternidad y solidaridad entre sus agremiados.

Explicó que la unidad sólo tiene sentido cuando se humaniza y se traduce en acciones que se realizan de manera permanente. Asimismo, reconoció el liderazgo del maestro Alfonso Cepeda Salas al frente del Sindicato, ya que ha impulsado transformaciones como la democratización del SNTE, la basificación de más de un millón de trabajadores y la recuperación de la bilateralidad con la Secretaría de Educación Pública, además de ser guía a nivel internacional.

En el evento participaron integrantes de la estructura sindical —secretarios delegacionales, representantes de escuela, docentes y Personal de Apoyo y Asistencia a la Educación—, así como jefes de sector, supervisores y directores.

También asistieron los profesores Raúl Espinoza Alonso, secretario general de la Sección 13 y José Nicolás Gutiérrez Domínguez, representante del Comité Ejecutivo Nacional en dicha Sección, además de ex secretarios generales de la Sección 45, dirigentes de distintas organizaciones sindicales en la entidad y la diputada local Carolina León Medina.

Con información de: https://snte.org.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.