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Desde San Lázaro. La erosión de la Doctrina Estrada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 May 2026
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Desde San Lázaro. La erosión de la Doctrina Estrada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SRE_mx

La publicación del libro The Invisible Coup —traducido al español como *El golpe invisible*— ha reavivado una discusión incómoda para el gobierno mexicano y para quienes creen que la política exterior debe conducirse con responsabilidad y estricto apego al derecho internacional.

Su autor, Peter Schweizer, uno de los analistas conservadores más cercanos al entorno del presidente Donald Trump, sostiene que el gobierno de México utiliza su extensa red consular en Estados Unidos para influir en la vida política de ese país, organizar protestas y promover una agenda contraria a los intereses estadounidenses.

La acusación es tan delicada como explosiva.

Schweizer afirma que la migración ha dejado de ser únicamente un fenómeno social y económico para convertirse en un instrumento político utilizado por élites globales y gobiernos extranjeros con el propósito de alterar el equilibrio interno de Estados Unidos. En ese contexto, ubica a México como uno de los actores más activos.

De acuerdo con su tesis, los más de 50 consulados mexicanos en territorio estadounidense operan como una sofisticada estructura de movilización y presión política. No se trataría solamente de oficinas encargadas de expedir pasaportes, matrículas consulares o brindar asesoría legal a los connacionales, sino de una maquinaria con capacidad para influir en debates electorales, incentivar manifestaciones y orientar políticamente a sectores de la comunidad migrante.

El gobierno mexicano ha rechazado tajantemente estas afirmaciones. La Secretaría de Relaciones Exteriores ha reiterado que la labor diplomática y consular se rige por los principios de no intervención, respeto a la soberanía y estricto apego al derecho internacional.

Sin embargo, los hechos alimentan las dudas.

Durante los últimos años, varios consulados intensificaron sus actividades de organización comunitaria y defensa de los derechos de los migrantes. Esa tarea es legítima y forma parte de sus atribuciones. Lo cuestionable es que, en algunos casos, la línea entre protección consular y activismo político se ha vuelto demasiado delgada.

En círculos diplomáticos y políticos se comenta desde hace tiempo que existe simpatía de sectores del oficialismo mexicano con candidatos del Partido Demócrata. La afinidad ideológica con agendas progresistas en materia migratoria, medio ambiente y derechos civiles ha sido evidente.

Pero la realidad electoral estadounidense es mucho más compleja.

En las elecciones que llevaron nuevamente a Trump a la Casa Blanca, millones de latinos —incluidos cientos de miles de mexicanos y mexicoamericanos— votaron por el republicano. Lo hicieron por razones económicas, por preocupaciones de seguridad, por convicciones religiosas o por rechazo a ciertas posturas de la izquierda estadounidense.

Ese hecho demuestra que la comunidad mexicana en Estados Unidos no responde a consignas ni puede ser conducida desde una oficina consular.

Pretender lo contrario sería subestimar la madurez política de una comunidad diversa, plural y cada vez más influyente.

Lo verdaderamente preocupante es el deterioro de una tradición diplomática que durante décadas dio prestigio internacional a México.

La Doctrina Estrada, formulada por Genaro Estrada en 1930, estableció que México no debía intervenir en los asuntos internos de otras naciones ni calificar la legitimidad de sus gobiernos. Ese principio permitió que nuestro país se ganara respeto global y mantuviera una política exterior independiente y congruente.

Hoy esa doctrina parece subordinada a impulsos ideológicos y a intereses partidistas.

Y no solo de un lado del Río Bravo se envían mensajes que tensan la soberanía nacional.

Desde Washington también se han multiplicado declaraciones y propuestas que buscan intervenir en asuntos internos de México, desde la posibilidad de combatir a los cárteles bajo la denominación de organizaciones terroristas hasta planteamientos de operaciones extraterritoriales para combatirlos.

Es decir, la tentación intervencionista se manifiesta en ambos sentidos.

Por ello, México debe actuar con prudencia y recuperar la sobriedad diplomática que históricamente le permitió defender su autonomía sin caer en provocaciones.

Los consulados mexicanos en Estados Unidos cumplen una función esencial para millones de connacionales. Su misión es proteger, asistir y representar a los mexicanos, no participar en disputas partidistas ni convertirse en instrumentos de militancia ideológica.

La relación bilateral enfrenta suficientes desafíos como para agregar sospechas de injerencia política.

México necesita una política exterior profesional, neutral y apegada a los principios que le dieron prestigio internacional.

Porque cuando la diplomacia se confunde con activismo, el costo no lo paga un partido. Lo paga toda la nación.

El tema de la injerencia del gobierno mexicano en asuntos internos de varios países, es de alta preocupación, ya que el activismo ideológico ha contaminado a la diplomacia mexicana.

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El apunte del director

  • Noviembre 2026

    EL INE PODRIDO

    La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE y la posterior salida de 15 funcionarios vinculados con su administración constituyen uno de los capítulos más graves en la historia reciente del árbitro electoral mexicano.

    No estamos frente a una simple crisis administrativa. Existen investigaciones sobre contrataciones, posibles conflictos de interés y manejo de recursos públicos que involucran a funcionarios, particulares y empresas. La ASF mantiene abierta una investigación de oficio y el propio Órgano Interno de Control del INE reportó pesquisas relacionadas con contrataciones públicas. Las responsabilidades individuales tendrán que probarse, pero el daño a la credibilidad institucional ya está hecho.

    El problema viene de atrás.

    Andrés Manuel López Obrador dedicó buena parte de su sexenio a confrontar al INE encabezado por Lorenzo Córdova y a consejeros como Ciro Murayama, precisamente cuando el Instituto representaba uno de los principales contrapesos institucionales frente al poder presidencial.

    Después vino Taddei.

    Llegó a la presidencia mediante el mecanismo constitucional de insaculación y su gestión fue cuestionada desde el comienzo por sectores que advertían cercanía con personajes del oficialismo. Tres años después se marchó en medio de acusaciones sobre contratos y relaciones con proveedores.

    Sería ingenuo pensar que con la renuncia de Taddei terminó el problema.

    El INE llega golpeado a las elecciones intermedias de 2027 y ahora comenzará una batalla todavía más importante: la designación de su nueva presidencia.

    Ahí debemos poner todos los reflectores.

    La persona que sustituya definitivamente a Taddei no puede responder a Morena, al gobierno de Claudia Sheinbaum ni tampoco a la oposición. Tiene que responder exclusivamente a la Constitución y a los ciudadanos.

    Sin embargo, la presidenta de México va a nombrar a uno de sus incondicionales para presidir a este organismo y con ello se dará más un paso al INE subordinado a la SEGOB.

    Porque después de Taddei cualquier sospecha de subordinación partidista será veneno para la credibilidad electoral.

    México se aproxima a unas elecciones intermedias gigantescas y después vendrá la sucesión presidencial de 2030. No podemos llegar a esas citas con un árbitro cuestionado, sometido o desprestigiado.

    La democracia no pertenece a Morena, al PAN, al PRI, a Movimiento Ciudadano ni al gobierno.

    Pertenece a los ciudadanos.

    Por eso hay que defender al INE ciudadano.

    Un árbitro sometido al poder siempre beneficia a quien gobierna y perjudica a quien algún día necesitará elecciones confiables para sustituirlo.

    El escándalo Taddei dejó una advertencia brutal: destruir una institución cuesta poco; recuperar su credibilidad puede tardar años.

    En estos momentos el INE está podrido en sus entrañas y mientras no se demuestre lo contrario, con esa etiqueta llegará a la elección intermedia en detrimento de la democracia mexicana, pero eso parece poco importarle al oficialismo, mientras ganen las elecciones con un arbitro sometido.