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Desde San Lázaro. Alerta oportuna por hantavirus. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

14 May 2026
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Desde San Lázaro. Alerta oportuna por hantavirus. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/DKershenobich

La experiencia de la pandemia de COVID-19 dejó una lección dolorosa para México: en materia de salud pública, la improvisación cuesta vidas. El país enfrentó uno de los mayores niveles de mortalidad del mundo, con un exceso de mortalidad que diversas estimaciones ubicaron por arriba de las 800 mil personas. El colapso hospitalario, la escasez de medicamentos, de vacunas y los mensajes contradictorios marcaron la estrategia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Con ese antecedente, la decisión de la Secretaría de Salud de emitir un aviso epidemiológico por el brote internacional de hantavirus debe leerse como una señal de prudencia y no de alarma.

El Comité Nacional para la Vigilancia Epidemiológica (Conave) instruyó a todas las unidades médicas de primero, segundo y tercer nivel de atención, así como a hospitales y laboratorios de salud pública, a fortalecer la detección oportuna de casos sospechosos. Hasta ahora, México no registra contagios, pero la autoridad sanitaria reconoce que la movilidad internacional obliga a mantener vigilancia estrecha.

El hantavirus no es un virus nuevo. Se trata de una familia de virus zoonóticos transmitidos principalmente por roedores silvestres a través de su orina, saliva y excremento. En América, la variante más preocupante es el virus de los Andes, identificado en países como Argentina y Chile, y una de sus características más inquietantes es que, en circunstancias excepcionales, puede transmitirse de persona a persona.

Los datos duros explican por qué la vigilancia es indispensable. La tasa de letalidad del síndrome cardiopulmonar por hantavirus oscila entre 30 y 40 por ciento, muy superior a la de muchas enfermedades respiratorias. El periodo de incubación puede ir de una a ocho semanas. Los síntomas iniciales —fiebre, dolor muscular, cefalea y malestar general— se confunden fácilmente con una gripe, pero en cuestión de horas el paciente puede desarrollar insuficiencia respiratoria grave.

La Organización Mundial de la Salud fue notificada el pasado 2 de mayo de un brote en un crucero que navegaba en el Atlántico Sur. De acuerdo con los reportes oficiales, se confirmaron al menos siete casos, dos sospechosos y tres defunciones. La evaluación internacional considera que el riesgo de propagación sostenida es bajo, pero la elevada letalidad justifica medidas preventivas estrictas.

A diferencia del COVID-19, el hantavirus no se transmite con facilidad. No basta compartir un espacio con una persona infectada. En la mayoría de los casos, el contagio ocurre por inhalar partículas contaminadas con excretas de roedores. Por ello, no estamos frente a una amenaza de expansión global comparable a la pandemia de 2020.

Sin embargo, subestimar el riesgo sería un error. El Copa Mundial de la FIFA 2026 traerá a México millones de visitantes en aeropuertos, centrales camioneras, puertos y cruces fronterizos. La concentración masiva de personas siempre representa un desafío para los sistemas de vigilancia epidemiológica.

En este contexto, resulta razonable establecer filtros sanitarios focalizados en terminales aéreas y marítimas, reforzar protocolos de identificación de viajeros con síntomas respiratorios graves y asegurar la disponibilidad de pruebas diagnósticas en laboratorios de referencia. No se trata de sembrar pánico, sino de actuar con anticipación.

El actual gobierno de Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad de demostrar que aprendió de los errores del pasado. La salud pública exige decisiones técnicas, coordinación institucional y comunicación transparente. El costo de minimizar los riesgos ya quedó documentado durante la emergencia por COVID-19.

México no enfrenta hoy una epidemia de hantavirus. Pero sí enfrenta una prueba de madurez institucional. Cuando la evidencia científica recomienda vigilancia, lo responsable es atenderla.

La prevención siempre será menos costosa que la improvisación. Y en un país que aún carga las cicatrices de la pandemia, toda alerta epidemiológica debe asumirse con seriedad, rigor y sentido de Estado.

El riesgo de una nueva epidemia que colapse el sistema de salud pública, no hay que subestimarlo, sobre todo cuando la saturación y el desabasto de medicamentos e insumos médicos, además de la carencia de personal médico especializado, es una cruenta realidad que padecen los pacientes que acuden a los nosocomios y clínicas públicas en búsqueda de la tan preciada atención médica.

En momentos en que la precariedad de las finanzas públicas agobia a los servicios públicos, brotan virus que pueden en poner en jaque a la población, por ello, cualquier esfuerzo que hagan las autoridades sanitarias para contenerlos es rescatable.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.