Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. De la soberanía energética a la ruta de extinción. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 May 2026
36 veces
Desde San Lázaro. De la soberanía energética a la ruta de extinción. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Pemex

La salida de Víctor Rodríguez Padilla de la dirección general de Petróleos Mexicanos confirma lo que desde hace meses era evidente, su incompetencia impactó en los mercados, a proveedores, al interior del propio gobierno y por supuesto de la misma empresa; la petrolera del Estado atraviesa una de las crisis más profundas de su historia y el relevo en la cúpula no garantiza, por sí mismo, una solución.

Rodríguez apenas permaneció un año y medio al frente de Pemex. Su gestión pasará a la historia como una de las más breves y accidentadas, marcada por la caída de la producción, el deterioro financiero, los accidentes operativos y un episodio que sintetizó la magnitud de la descomposición administrativa: el reconocimiento público de que sus propios subalternos no le informaron con veracidad sobre el derrame de petróleo ocurrido en el Golfo de México.

En cualquier empresa del mundo, admitir que el director general desconocía la verdadera dimensión de un desastre ambiental equivaldría a una confesión de incompetencia institucional. En Pemex, esa declaración confirmó que el control interno es precario, la comunicación está fracturada y la capacidad de reacción es insuficiente.

La presidenta ha decidido sustituirlo con Juan Carlos Carpio, un perfil eminentemente financiero, de formación tecnócrata y con cercanía política con la mandataria. Su principal activo es la confianza presidencial. Su principal debilidad, la falta de experiencia directa en la compleja operación petrolera.

Y no recibe una empresa en dificultades menores. Hereda una estructura al borde del colapso.

La producción de crudo ronda apenas 1.4 millones de barriles diarios, muy lejos de las metas oficiales y a gran distancia de los niveles que alguna vez convirtieron a México en potencia energética. La deuda con proveedores supera los 375 mil millones de pesos, ahogando a miles de empresas contratistas y afectando cadenas productivas enteras.

A ello se suma el repunte del robo de combustibles. Durante 2025, los piquetes a ductos crecieron 43 por ciento, generando pérdidas estimadas en 60 mil millones de pesos. Es decir, el huachicol, que fue presentado como un problema prácticamente resuelto al inicio del sexenio pasado, sigue siendo una hemorragia financiera y operativa.

Las refinerías tampoco ofrecen mejores noticias.

Explosiones, fugas, paros no programados y bajos niveles de utilización reflejan el deterioro acumulado de instalaciones que requieren inversiones millonarias y una disciplina técnica que ha sido sustituida por decisiones políticas. La promesa de autosuficiencia en combustibles se ha topado con una realidad incuestionable: refinar más no ha significado refinar mejor ni con rentabilidad.

Dos Bocas se mueve entre los percances mortales y la baja productividad.

En paralelo, los derrames y contingencias ambientales incrementan los costos reputacionales y legales de la empresa. Cada incidente erosiona la credibilidad de la narrativa oficial y confirma que la infraestructura opera bajo una presión cada vez mayor.

Juan Carlos Carpio tendrá la oportunidad de intentar un rescate, pero también el riesgo de convertirse en el tercer integrante de una trilogía que podría ser recordada como la que le dio la puntilla a Pemex: Octavio Romero Oropeza, Víctor Rodríguez Padilla y ahora Carpio.

Romero heredó una empresa debilitada, pero apostó por una estrategia centrada en la soberanía energética como consigna política e hizo de la corrupción su modus vivendi. Rodríguez profundizó la crisis con una administración errática y falta de control. Carpio deberá demostrar, en muy poco tiempo, si cuenta con la capacidad para corregir el rumbo o si será apenas otro administrador de la decadencia.

El problema de fondo es que Pemex ya no enfrenta únicamente una crisis coyuntural. Su modelo de negocio muestra signos estructurales de agotamiento.

La empresa arrastra una pesada carga fiscal y financiera, enfrenta yacimientos maduros, opera instalaciones envejecidas y compite en un mercado energético global cada vez más exigente. Mientras otras petroleras estatales se modernizan y diversifican, Pemex sigue subordinada a decisiones políticas de corto plazo.

Legisladores y analistas coinciden en que el cambio de director no resolverá por sí solo los problemas de endeudamiento, productividad y gobernanza. Se requiere una estrategia integral, con disciplina presupuestal, transparencia, inversión eficiente y decisiones técnicas libres de dogmas ideológicos.

La narrativa de la soberanía energética prometió rescatar a la petrolera y devolverle su papel protagónico. Lo que hoy se observa es una empresa con menor producción, mayores deudas, infraestructura deteriorada y creciente vulnerabilidad operativa.

Juan Carlos Carpio todavía puede cambiar el desenlace. Pero el reto es mayúsculo y está atrapado en ideas ideológicas de izquierda que piensan que la égida del Estado es la razón de ser de PEMEX.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.