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Desde San Lázaro. Como los cangrejos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

28 May 2026
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Desde San Lázaro. Como los cangrejos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx

El segundo aniversario del triunfo electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo llega en medio de una profunda polarización política y con un balance gubernamental cargado de claroscuros. Lo que debía convertirse en una celebración de consolidación política terminó transformándose en un ejercicio de movilización masiva para intentar proyectar fuerza en uno de los momentos más delicados que enfrenta la Cuarta Transformación.

La presidenta decidió replicar el modelo de movilización heredado del obradorismo: con el acarreo de simpatizantes, despliegue territorial de estructuras partidistas y un mensaje central orientado a demostrar músculo político.

La narrativa oficial sostiene que el pueblo respalda masivamente al gobierno. Pero detrás del espectáculo político subyace otra preocupación mucho más seria: la creciente tensión con Estados Unidos y las investigaciones judiciales que amenazan con golpear directamente a figuras relevantes de Morena.

En los pasillos de San Lázaro y del Senado, la lectura es clara. La movilización también busca enviar una señal hacia Washington frente a las versiones sobre posibles acciones judiciales o incluso operativos de extracción contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el senador Enrique Inzunza Cázarez.

El contexto explica el nerviosismo.

Las investigaciones abiertas por autoridades estadounidenses sobre presuntos vínculos entre políticos mexicanos y organizaciones criminales han colocado al oficialismo bajo presión internacional. La entrega de exfuncionarios sinaloenses a fiscales norteamericanos y la figura de testigos protegidos alimentan la percepción de que podrían venir nuevas revelaciones y más órdenes judiciales.

Frente a ello, Morena intenta cerrar filas y exhibir respaldo popular.

Sin embargo, más allá de la capacidad de movilización territorial, la realidad nacional dista mucho de ser motivo de celebración.

En materia económica, el gobierno enfrenta uno de sus peores momentos.

El crecimiento se ha desacelerado peligrosamente y los indicadores de inversión muestran señales preocupantes de desconfianza. La incertidumbre generada por las reformas judiciales, los conflictos regulatorios y la percepción de debilitamiento institucional han provocado cautela entre inversionistas nacionales y extranjeros.

México se acerca peligrosamente a una fase de recesión técnica mientras las finanzas públicas muestran creciente presión por el elevado gasto social, la fragilidad de Pemex y el incremento del costo financiero de la deuda.

A ello se suma la crisis de seguridad.

Pese a los discursos oficiales, amplias regiones del país continúan bajo control de organizaciones criminales. Las extorsiones, desapariciones, homicidios y disputas territoriales siguen golpeando a millones de mexicanos, mientras las autoridades federales mantienen una estrategia que no ha logrado recuperar plenamente el control del territorio nacional.

Omar García Harfuch rema a contracorriente y se enfrenta contra toda clase de enemigos tanto en las filas de los criminales como en el seno del oficialismo.

En el sector salud, el panorama tampoco ofrece resultados alentadores.

El desabasto de medicamentos continúa afectando hospitales y clínicas públicas. Familias enteras siguen padeciendo la falta de tratamientos oncológicos, insumos médicos y atención especializada. El prometido sistema de salud “como el de Dinamarca” quedó reducido a una frase propagandística frente a una realidad marcada por carencias y saturación hospitalaria.

El sistema educativo también enfrenta severos problemas estructurales.

Rezagos de aprendizaje, deterioro de infraestructura escolar, conflictos sindicales con la disidencia magisterial y deficiencias presupuestales mantienen a millones de estudiantes atrapados en un modelo incapaz de responder a las exigencias de competitividad global.

Y mientras esos problemas se acumulan, la relación bilateral con Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en años recientes.

La confrontación política con el gobierno de Donald Trump escala conforme avanzan las investigaciones relacionadas con narcotráfico, migración y seguridad fronteriza. Washington observa con preocupación la infiltración criminal en estructuras políticas mexicanas y el posible involucramiento de funcionarios vinculados con Morena.

Por eso el gobierno mexicano intenta mostrar cohesión interna.

Pero una cosa es movilizar simpatizantes y otra muy distinta resolver los problemas estructurales que enfrenta el país.

La presidenta mantiene niveles importantes de respaldo político gracias a los programas sociales y a la fortaleza territorial del oficialismo. Sin embargo, eso no significa que exista un consenso nacional sobre el rumbo del país.

México sigue profundamente dividido.

Millones de ciudadanos observan con preocupación el deterioro económico, el debilitamiento institucional y la creciente confrontación política impulsada desde el poder.

Incluso algunos legisladores oficialistas reconocen en privado que el gobierno enfrenta un desgaste acelerado apenas en su segundo año.

Y no podía ser de otra manera.

Porque gobernar implica mucho más que llenar plazas o movilizar estructuras partidistas. Implica ofrecer resultados concretos en seguridad, salud, economía, educación, gobernabilidad y en otros tantos rubros que prevalecen los grandes pendientes.

Por eso, más allá de la propaganda y de las concentraciones masivas organizadas por Morena, una parte importante del país se pregunta si realmente existe algo que celebrar en estos dos años de gobierno.

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El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.