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Desde San Lázaro. Trump aprieta, palacio simula. Po: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Jun 2026
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Desde San Lázaro. Trump aprieta, palacio simula. Po: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/realDonaldTrump

Las declaraciones de Donald Trump durante la cumbre del G7 en Francia no fueron una ocurrencia aislada ni un exabrupto de campaña. Fueron un mensaje político, diplomático y comercial dirigido directamente al gobierno mexicano. Por enésima ocasión, el presidente estadounidense afirmó que los cárteles controlan México, que el país ha perdido el control de partes de su territorio y que la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta esa realidad con temor. Incluso llegó a señalar que "los cárteles controlan totalmente México" y que la mandataria mexicana es una mujer "muy buena", pero "muy asustada".

El problema para Palacio Nacional no es únicamente el agravio diplomático. Lo verdaderamente preocupante es que dichas afirmaciones ocurren en medio de la revisión del T-MEC, en momentos en que Trump también cuestionó abiertamente la utilidad del acuerdo comercial y llegó a afirmar que Estados Unidos estaría mejor sin él.

Desde luego es un exceso esta declaración porque si alguien se ha beneficiado del tratado comercial son las empresas y consumidores de Estados Unidos.

La combinación es explosiva: narcotráfico, seguridad nacional y comercio aparecen cada vez más entrelazados en la narrativa de Washington.

Mientras el gobierno mexicano responde con comunicados, cifras optimistas y campañas propagandísticas sobre supuestas reducciones en los índices delictivos, la percepción en Estados Unidos es radicalmente distinta. La Casa Blanca mantiene la presión sobre México desde varios frentes: inteligencia, cooperación militar, combate al tráfico de drogas, migración y combate a la corrupción política vinculada al crimen organizado. Desde principios de año, funcionarios de la administración Trump han sostenido que el avance mexicano es insuficiente y que los cárteles representan una amenaza equiparable a organizaciones terroristas.

Los números duros muestran una realidad compleja. México cerró 2025 con decenas de miles de homicidios dolosos, amplias regiones bajo disputa criminal y una creciente influencia de organizaciones delictivas en actividades económicas, políticas y sociales. A ello se suma la presión derivada de la clasificación de varios grupos criminales como organizaciones terroristas extranjeras por parte de Washington, una medida que amplía las herramientas legales y financieras para perseguir a quienes colaboren con ellas. (

Por si fuera poco, el propio Trump ha reiterado en diversas ocasiones que su gobierno analiza acciones más agresivas contra los cárteles. Ya en enero había declarado que los grupos criminales "dirigen México" y que Estados Unidos pasaría de operaciones marítimas a acciones enfocadas en rutas terrestres del narcotráfico.

La narrativa de Washington se enfoca cada vez más en la presunta protección institucional que durante años permitió la expansión territorial y financiera de los grupos criminales.

Ahí es donde aparece el verdadero riesgo para el régimen.

Las investigaciones abiertas en cortes estadounidenses, los testimonios protegidos, los expedientes de agencias de inteligencia y las indagatorias del Departamento de Justicia apuntan cada vez más hacia personajes de la vida pública mexicana. La presión no está concentrada únicamente en los líderes criminales, sino también en quienes habrían facilitado operaciones, brindado protección política o permitido el control territorial de regiones completas.

Por eso las declaraciones de Trump deben interpretarse más allá de la retórica. Forman parte de una estrategia de presión permanente que busca obligar a México a profundizar acciones contra estructuras criminales y sus presuntas redes de protección política.

La presidenta Sheinbaum enfrenta así uno de los dilemas más complejos de su administración. Por un lado, necesita preservar la soberanía nacional y evitar cualquier percepción de subordinación frente a Washington. Por otro, requiere demostrar resultados contundentes para impedir que el tema de la narcopolítica se convierta en el eje dominante de la relación bilateral y marque la agenda política en México.

La revisión del T-MEC camina por el tema comercial, pero se atora en el escritorio de Trump.

Mientras en México se insiste en la narrativa de que todo marcha bien y de que la estrategia de seguridad está dando resultados históricos, en Estados Unidos el discurso oficial apunta en dirección contraria: consideran que los cárteles siguen siendo una amenaza estratégica y que detrás de ellos existe una red de protección política que tarde o temprano deberá enfrentar consecuencias.

Por ello, la pregunta que comienza a escucharse en los corrillos políticos de ambos países ya no es si vendrán nuevas acusaciones o nuevas listas de presuntos narcopolíticos.

La verdadera interrogante es cuándo ocurrirá el siguiente movimiento de Washington y hasta dónde está dispuesto a llegar Trump para convertir sus amenazas en hechos concretos.

Porque después del G7 quedó claro que el presidente estadounidense no piensa retirar el dedo del renglón. Al contrario: acaba de elevar la presión política, diplomática y comercial sobre México a un nivel que no se veía desde hace décadas.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.