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Desde San Lázaro. Justicia energética a oscuras. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

14 Jul 2026
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Desde San Lázaro. Justicia energética a oscuras. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/EmiliaCallejaA

Presume la directora general de la Comisión Federal de Electricidad, Emilia Calleja, que México cuenta con una cobertura eléctrica de 99.85 por ciento a escala nacional y que el 0.15 por ciento restante se localiza en comunidades donde conectar una red convencional requiere “soluciones específicas”.

La cifra luce espectacular en una conferencia de prensa. Incluso permitiría afirmar que prácticamente todos los mexicanos tienen acceso a la electricidad. El problema es que una cosa es contabilizar viviendas conectadas a la red y otra muy distinta garantizarles un suministro continuo, suficiente, seguro y de calidad.

La propia meta oficial reconoce que todavía existen miles de hogares sin acceso. El gobierno pretende elevar la cobertura a 99.99 por ciento en 2028 mediante 45 mil 182 obras de electrificación. Pero, mientras se celebran porcentajes, en comunidades rurales, colonias irregulares y zonas periféricas de las grandes ciudades persisten familias que viven sin energía eléctrica o que dependen de conexiones improvisadas.

En la misma Ciudad de México, particularmente en asentamientos regulares ubicados en las faldas del Ajusco, vecinos denuncian que no cuentan con una red eléctrica formal. Ahí no aparece la llamada “justicia energética” que tanto pregona la Cuarta Transformación.

La paradoja es evidente: el gobierno habla de soberanía energética y acceso universal, mientras que familias de la capital del país todavía iluminan sus viviendas con lámparas, plantas pequeñas, baterías o conexiones precarias.

Además, la cobertura nacional refleja la fragilidad del Sistema Eléctrico Nacional.

Los apagones registrados en el sureste son la muestra más visible. En marzo de 2025, una interrupción masiva dejó sin servicio a diversas ciudades de Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Tabasco, entre ellas Cancún, Playa del Carmen, Cozumel, Bacalar, Ciudad del Carmen y Villahermosa.

En septiembre del mismo año ocurrió un episodio todavía más grave: una falla sacó de operación nueve centrales eléctricas y dejó sin electricidad durante varias horas a alrededor de dos millones de usuarios de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. El apagón provocó caos vial, suspensión de actividades comerciales y afectaciones a la industria turística.

El 14 de mayo de 2026, en plena ola de calor, volvieron a registrarse cortes en Yucatán, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas. La CFE confirmó que la interrupción se extendió cerca de una hora en distintas localidades.

La recurrencia de estas fallas demuestra que no se trata solamente de accidentes aislados, sino de una infraestructura que opera bajo presión, particularmente durante los meses de mayor consumo.

La Península de Yucatán continúa siendo una de las regiones más vulnerables porque su crecimiento demográfico, turístico e industrial no ha sido acompañado con la misma velocidad por nuevas centrales, líneas de transmisión, subestaciones y sistemas de respaldo.

El déficit no está únicamente en la generación. También se encuentra en la transmisión y en la distribución.

El gobierno calcula que entre 2025 y 2030 deberán invertirse alrededor de 124 mil 500 millones de pesos para fortalecer la Red Nacional de Transmisión. No se trata de una cifra menor: evidencia la magnitud del rezago acumulado y la urgencia de ampliar una red que debe transportar cada vez mayores volúmenes de electricidad.

El nuevo programa de desarrollo eléctrico estima que México necesitará incorporar entre 73 mil y 76 mil megawatts adicionales de capacidad hacia 2039 para atender el crecimiento de la demanda y conservar la confiabilidad del sistema.

En otras palabras, el país requiere prácticamente construir otro sistema eléctrico de grandes dimensiones durante los próximos años.

El problema es que la inversión no avanza al mismo ritmo que las necesidades.

La CFE informó que entre 2019 y 2024 impulsó 35 proyectos de generación que agregarán 9 mil 185 megawatts de capacidad propia. Aunque representa un avance, resulta insuficiente frente al incremento previsto de la demanda.

La insuficiencia de redes también frena proyectos de generación renovable. De poco sirve instalar parques solares o eólicos si no existen líneas capaces de llevar esa electricidad desde las zonas productoras hasta los grandes centros de consumo.

A ello se suma la contradicción ambiental de la política energética oficial.

Mientras el mundo acelera la transición hacia fuentes renovables, México continúa dependiendo ampliamente del gas natural, el combustóleo, el carbón y otras fuentes fósiles. En 2024, apenas 21.6 por ciento de la generación nacional provino de energías renovables; la energía solar y eólica juntas representaron alrededor de 11.8 por ciento.

El país incumplió en los hechos la meta legal de alcanzar 35 por ciento de generación limpia para 2024 y se encuentra lejos del compromiso de llegar a 43 por ciento en 2030.

Peor aún: México generó en 2024 aproximadamente 54 por ciento de su electricidad con gas importado de Estados Unidos. Esa dependencia exhibe la fragilidad del discurso de soberanía energética, pues buena parte de las centrales de ciclo combinado de la CFE depende de un combustible comprado en el extranjero.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.