Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Sheinbaum; el árbitro de la verdad. Por: Alejo Sánchez Cano

30 Jul 2026
5 veces
Desde San Lázaro. Sheinbaum; el árbitro de la verdad. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/claudiashein

Toda tentación autoritaria comienza con un argumento aparentemente noble.

En nombre de la seguridad se restringen libertades; en nombre del orden se fortalecen los controles del Estado; en nombre del combate a la desinformación se pretende regular la libertad de expresión.

Eso es exactamente lo que hoy comienza a discutirse en México bajo el concepto de la protección de los derechos de las audiencias.

En principio nadie podría oponerse a que los ciudadanos reciban información de calidad o que los medios actúen con responsabilidad profesional. El problema aparece cuando el Estado deja de ser garante de derechos para convertirse en juez de los contenidos periodísticos.

Ese es el verdadero riesgo.

La consulta pública sobre los nuevos Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias abre un debate que rebasa por mucho a la radio y la televisión. El anteproyecto establece nuevas obligaciones para los concesionarios, crea procedimientos administrativos de queja y otorga a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones la facultad de imponer sanciones cuando considere que un medio incumple con esos derechos.

Sin embargo, la preocupación surge cuando aparecen conceptos cuya interpretación depende inevitablemente del criterio de la autoridad. ¿Qué debe entenderse por "información veraz"? ¿Quién determina cuándo una información está "descontextualizada"? ¿Qué autoridad decidirá cuándo un hecho histórico fue presentado incorrectamente como un acontecimiento actual?

La respuesta no puede ser un funcionario.

En una democracia, la verdad no se decreta desde una oficina pública.

La verdad se construye mediante el contraste de fuentes, el debate público, la investigación periodística, el derecho de réplica y la autoregulación de los mismos medios de comunicación. Precisamente ahí reside la esencia de la libertad de expresión.

La historia enseña que la censura rara vez aparece de manera frontal.

Generalmente comienza con medidas razonables, bien intencionadas y socialmente aceptables. Primero se regulan algunos contenidos. Después se amplían las facultades del regulador. Más adelante llegan las sanciones económicas y finalmente aparece el incentivo más peligroso para cualquier periodista o empresa informativa: la censura.

Más preocupante aún resulta que la propia presidenta Claudia Sheinbaum haya planteado la posibilidad de que una regulación semejante pueda discutirse más adelante para la prensa escrita y las plataformas digitales. Aunque aclaró que actualmente esa posibilidad no forma parte del proyecto, el solo hecho de colocar el tema sobre la mesa anticipa un debate que merece toda la atención de la sociedad mexicana.

El problema trasciende el ámbito jurídico.

Tiene profundas implicaciones políticas y transgresión de los derechos humanos como la libertad de expresión.

Durante los últimos años, desde el poder se ha construido una narrativa según la cual buena parte de la prensa crítica representa intereses económicos o políticos adversos al gobierno. En las conferencias matutinas se descalifica sistemáticamente a periodistas, analistas y medios de comunicación que cuestionan las decisiones oficiales. En ese contexto, cualquier ampliación de las facultades regulatorias inevitablemente genera sospechas.

Estamos ante la posibilidad que la mañanera tenga dientes para sancionar a los medios y periodistas incomodos con argumentos falaces y con toda la carga del Estado, en donde la misma presidenta de la República se encargar de llevar a la hoguera de la inquisición a los que piensan diferente a ella.

Se vislumbra un régimen autoritario y no una democracia.

Las democracias dependen de los límites constitucionales al ejercicio del poder.

Lo que pretende la 4T es entregar al Estado la facultad de decidir qué información puede difundirse y cuál merece una sanción.

La mejor respuesta frente a la desinformación nunca será la censura.

Será más periodismo, más transparencia, mayor competencia entre medios, más alfabetización digital y ciudadanos capaces de formar su propio juicio. Esa sigue siendo la defensa más eficaz de los derechos de las audiencias.

Porque la libertad de expresión no existe para proteger los discursos cómodos.

Existe precisamente para garantizar que las opiniones incómodas, críticas e incluso equivocadas puedan circular sin miedo a represalias del poder.

Cuando el Estado comienza a decidir qué puede decirse y qué no, la discusión deja de ser sobre los derechos de las audiencias.

Empieza a ser sobre los derechos del gobierno.

Y esa diferencia es la que separa a una democracia de un régimen donde el poder pretende convertirse en el árbitro de la verdad.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.