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De Cinco Estrellas. Viajar sin prisa gana terreno en México: más viajeros buscan estancias largas y destinos con identidad local. Por: Victoria González Prado

21 Ago 2026
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De Cinco Estrellas. Viajar sin prisa gana terreno en México: más viajeros buscan estancias largas y destinos con identidad local. Por: Victoria González Prado Viajar sin prisa, nueva tendencia entre los viajeros.
  • Viajar sin prisa gana terreno en México: más viajeros buscan estancias largas y destinos con identidad local
  • Qué hacer en el Aeropuerto DFW durante escala: experiencias que pocos viajeros conocen

Viajar sin prisa, quedarse más tiempo y descubrir destino a través de su cultura local sigue consolidándose como una de las principales tendencias entre los viajeros. De acuerdo con datos de Airbnb, las estancias de cinco noches o más crecieron 7 por ciento interanual en lo que va de 2026, en comparación con el mismo periodo de 2025; reflejando interés sostenido por viajes más pausados y conexión más profunda con los destinos.

Permanecer más días permite ir más allá de las rutas convencionales y descubrir aquello que define la identidad de cada lugar: sus mercados, recetas familiares, cocinas y productores locales. Bajo esta mirada, Airbnb presenta curaduría de destinos emergentes con experiencias gastronómicas ideales para disfrutar el verano con más deleite, intención y sin prisas. 

En Ensenada, Baja California, el Valle de Guadalupe reúne algunos de los sabores más representativos del noroeste del país, donde los viñedos, la cocina Baja-Mediterránea y los ingredientes frescos del Pacífico se encuentran en experiencia que celebra la identidad gastronómica de la región.

El recorrido incluye visita personalizada por distintas bodegas del Valle de Guadalupe, donde los anfitriones locales comparten recomendaciones para descubrir nuevos sabores y etiquetas de la región. También invita a hacer pausa alrededor de la mesa con almuerzo inspirado en la cocina Baja-Mediterránea propuesta que combina productos frescos del mar, ingredientes locales y la creatividad que ha convertido a Ensenada en uno de los grandes referentes gastronómicos de México. 

Para quienes disfrutan descubrir destino alrededor de la mesa y compartir nuevos sabores en compañía, Puebla ofrece experiencia culinaria donde los viajeros pueden adentrarse en uno de los grandes símbolos de la gastronomía poblana: el mole. Con las manos en la cocina, aprenderán a preparar esta salsa ancestral desde el tostado de los chiles y la molienda de especias hasta la combinación de ingredientes que han pasado de generación en generación.

La experiencia permite conocer de cerca las técnicas tradicionales detrás de uno de los platillos más emblemáticos de México, para después disfrutar juntos el resultado de su preparación y llevarse nuevas recetas y conocimientos a casa. Más que clase de cocina, es forma de entender la historia y la identidad de Puebla a través de sus sabores que han conquistado generaciones. 

Entre viñedos, queserías y calles llenas de historia, Querétaro invita a descubrir los sabores del Bajío sin prisas. Considerado uno de los destinos emergentes de mayor interés entre los viajeros para este verano, el estado ofrece experiencias que permiten conectar con su identidad local. 

 
Viajar sin prisa, nueva tendencia entre los viajeros.

 

Una de ellas lleva a los visitantes hasta Peña de Bernal, uno de sus Pueblos Mágicos más emblemáticos, donde pueden recorrer sus calles empedradas y continuar hacia viñedo de la región para conocer el proceso de elaboración de los vinos espumosos queretanos. La experiencia culmina con degustación servida en copa de colección que podrán conservar como recuerdo de tarde entre sabores, tradiciones y los paisajes del campo queretano.

Reconocida internacionalmente por la riqueza de su cocina, Oaxaca sigue consolidándose como uno de los grandes referentes gastronómicos del país. Aquí, la experiencia gastronómica con mayor interés entre los viajeros en la plataforma invita a ponerse el mandil y descubrir los secretos de la cocina oaxaqueña junto a expertos locales. Entre el aroma del chocolate molido en metate, el sonido del comal preparando tlayuda y los sabores intensos de los chiles, los viajeros aprenden a preparar algunos de los platillos más emblemáticos de la región, desde tetelas, memelas, empanadas y tamales, hasta salsas tradicionales y mole elaborado con ingredientes locales.

Durante la experiencia, habrá degustaciones de quesillo recién preparado, cata de mezcal y cierre dulce con chocolate caliente, postres y sabores tradicionales de Oaxaca. Más que clase de cocina, es forma de conocer la historia, técnicas y tradiciones que han convertido a la capital oaxaqueña en símbolo de la gastronomía nacional.

Este verano invita a detenerse, explorar con calma y descubrir los destinos emergentes de México desde nueva perspectiva: a través de sus sabores, tradiciones e historias de quienes les dan vida. Las experiencias en Airbnb permiten a los viajeros conectar con la esencia que distingue a cada región y descubrir aquello que hace único a cada destino a lo largo del país. Para encontrar más inspiración visita: https://www.airbnb.mx/s/experiences

 
La intención es permanecer más días e ir más allá de las rutas convencionales.

 

***** Algunos de los mejores momentos de un viaje comienzan antes de subir al avión. Si tienes tiempo extra antes de tu vuelo o escala en Dallas Fort Worth, aprovecha para descubrir experiencias escondidas en las terminales del Aeropuerto Internacional de Dallas Fort Worth (DFW). Más allá de restaurantes y tiendas, el aeropuerto ofrece arte, espacios al aire libre, actividades para familias y rincones diseñados para hacer pausa entre vuelos.

Cerca de la puerta D18 encontrarás Circling, instalación interactiva de vidrio y sonido que reacciona mientras caminas por ella. El movimiento de los pasajeros transforma la experiencia, creando espacio relajante. 

Hay visita auto guiada por el programa de arte del Aeropuerto DFW. La Terminal D reúne más de 30 piezas creadas por artistas locales, nacionales e internacionales para explorar.

¿Tienes escala larga o necesitas activar la circulación después de varias horas sentado? Camina por el LiveWell Walking Path, ruta interior avalada por la American Heart Association que se extiende entre las puertas D6 y D40. Son, alrededor de 1.1 km. y está marcado por 12 medallones artísticos en el piso, acompañados de información sobre cada obra. Sube las dos escaleras de 17 metros que conducen a las estaciones del Skylink y a los pasillos superiores de la terminal.

Justo afuera del nivel inferior del estacionamiento de la Terminal D, cerca de las puertas D22 y D23, se encuentra uno de los secretos mejor guardados del Aeropuerto DFW: el Nasher Sculpture Garden. Es jardín al aire libre con esculturas en préstamo del Nasher Sculpture Center.  En este lugar podrás desconectarte antes de continuar tu viaje.

¿Viajas con niños? Hay áreas infantiles con temática de aviación, cerca de las puertas B12 y C14, los pequeños pueden gastar energía mientras imaginan que son pilotos o controladores de tráfico aéreo.

En la Terminal D, también está el área de juegos de McDonald’s, diseñada para los pasajeros más pequeños. Hay estructuras suaves de espuma, zona de asientos para los adultos y contactos para cargar dispositivos electrónicos.

Para niños más grandes —o adultos con alma gamer—, visita los Gameway Lounges cerca de las puertas B42 y E16. Disfruta videojuegos mientras esperan el momento de abordar.

Antes de salir de casa, descarga e imprime el libro para colorear de la Texas Commercial Airports Association. Es opción práctica para mantener a los pequeños entretenidos y comenzar la experiencia de viaje antes de llegar al aeropuerto.

El Aeropuerto DFW cuenta con salas de lactancia dentro del área de seguridad en todas sus terminales. Estos espacios se encuentran cerca de las puertas A18, B40, C13/C14, C36, D2, D36, E14 y E26.

Busca momento de calma en los espacios de yoga disponibles las 24 horas cerca de las puertas D40 y E31. Son rincones tranquilos y con abundante luz natural, ideales para estirar, respirar y recargar energía.

Las capillas interreligiosas ofrecen lugares silenciosos para descansar, reflexionar o alejarte unos minutos del movimiento del aeropuerto.

Los fanáticos de la aviación encontrarán parada imperdible en Founder’s Plaza, para observar los aviones mientras despegan y aterrizan en las pistas del Aeropuerto DFW. Hay bancas para pícnic, telescopios y transmisiones de la torre de control, creando experiencia que combina las mejores vistas con los sonidos de la operación aeroportuaria.

¿Tienes escala larga o necesitas desconectarte del movimiento de la terminal? Reserva una de las Minute Suites del Aeropuerto DFW, espacios privados diseñados para dormir, trabajar o disfrutar minutos de tranquilidad.

Ubicadas dentro del área de seguridad, cerca de la puerta A39 de la Terminal A y la D23 de la Terminal D, las suites cuentan con sofá cama, estación de trabajo, televisión y Wi-fi. Puedes reservarlas para pasar la noche, mientras que la ubicación de la Terminal D ofrece regaderas para refrescarte antes de abordar. Es alternativa práctica para convertir espera larga en pausa mucho más cómoda, sin necesidad de salir del aeropuerto.

En DFW, la espera puede convertirse en parte del viaje. Solo hace falta mirar más allá de la puerta de embarque, seguir la curiosidad y dejar que el aeropuerto te sorprenda antes de despegar.

 
Habitaciones, Spa exprés, sala para que los niños jueguen y relajación, algunas de las actividades en el Aeropuerto de DFW.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.