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De Cinco Estrellas. Cierre temporal del aeropuerto de Eindhoven en Países Bajos del 1 de febrero al 19 de julio de 2027. Por: Victoria González Prado Destacado

12 Oct 2026
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De Cinco Estrellas. Cierre temporal del aeropuerto de Eindhoven en Países Bajos del 1 de febrero al 19 de julio de 2027. Por: Victoria González Prado El Aeropuerto de Eindhoven en Países Bajos.
  • Cierre temporal del aeropuerto de Eindhoven en Países Bajos del 1 de febrero al 19 de julio de 2027
  • Salomón Abedrop, presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, asegura que cuatro de cada diez botellas de vino que se abren, en el país, son mexicanas 

El aeropuerto de Eindhoven, el segundo mayor por tráfico de Países Bajos solo tras Ámsterdam/Schiphol, permanecerá cerrado temporalmente del 1 de febrero al 19 de julio de 2027 debido a importantes obras en la pista.

Por lo tanto, no habrá despegues ni aterrizajes comerciales durante cinco meses y medio, algo relevante si se tiene en cuenta que desde este aeródromo las aerolíneas ofrecen distintos vuelos. Si bien se han elegido las fechas para afectar lo menos posible a la temporada alta de vacaciones.  

Entre las intervenciones planificadas destacan la renovación integral de la única pista de aterrizaje, mejoras en el sistema de drenaje, iluminación, cableado y actualización del sistema de aterrizaje instrumental (ILS) para niebla densa.

También se aprovechará para finalizar los trabajos de expansión de la terminal que se iniciaron en 2024 y que amplían la zona de operaciones aéreas en 10 mil m² y la zona terrestre en aproximadamente 2 mil m². Se ampliará la zona Schengen y la de llegadas —pasando de tres a cuatro cintas transportadoras de equipaje, se creará entrada nueva y espacio para puertas de embarque adicionales y servicios de hostelería.

Debido al cierre temporal, las aerolíneas trasladarán temporalmente sus operaciones a otros aeropuertos y ajustarán sus horarios de vuelo, principalmente a los aeropuertos de Maastricht Aachen y Ámsterdam/Schiphol, en los Países Bajos, y al de Weeze en Alemania.

 
El Aeropuerto de Eindhoven en Países Bajos.

 

***** El presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, Salomón Abedrop López, destacó que actualmente cuatro de cada diez botellas de vino que se abren en México son mexicanas, lo que representa avance importante para la industria nacional.

El Consejo Mexicano Vitivinícola, organizó en la sede del Concurso Mundial de Bruselas, en Ciudad de México, reunión con   productores, autoridades, restauranteros y especialistas que celebrarán con bombo y platillo el Día del Vino Mexicano y, coincidieron en señalar la necesidad de fortalecer el consumo de etiquetas nacionales y aprovechar la creciente relación entre vino, gastronomía y turismo.  

De esta forma, el vino mexicano busca dejar de ser solamente bebida para convertirse en vehículo de identidad, cultura, gastronomía y turismo, mientras productores, restaurantes y autoridades impulsan celebración que pretende extenderse más allá de una fecha en el calendario.

La celebración del Día del Vino Mexicano, impulsada por el Consejo Mexicano Vitivinícola adquiere relevancia en contexto internacional en el que el consumo de vino ha registrado retrocesos en distintos mercados.

Abedrop señaló que mientras en Europa y Estados Unidos se han   trayectoria diferente. La reunión, el consumo de vino en México creció 1 por ciento durante 2025, frente a reducción de 6 por ciento   en Estados Unidos y 8 por ciento en Europa.

Más allá del porcentaje, el fenómeno muestra que el mercado mexicano se ha convertido en espacio de competencia cada vez más intenso entre la producción nacional y las etiquetas importadas.

Una de las principales características de la industria vitivinícola mexicana es que su actividad no inicia en bodega, sino en el campo.

El presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola aseguró que más de 95 por ciento de los productores de vino mexicano también son productores agrícolas, por lo que detrás de cada botella existe una cadena que involucra cultivo, trabajadores del campo, procesamiento de la uva, elaboración, comercialización y servicios asociados.

Por su parte Eduardo Ayala, titular del Sector de Bebidas, Deporte, Turismo Verde, Ciclismo y Montañismo de la Secretaría de Economía, señaló la importancia de esa cadena de la industria vitivinícola que genera alrededor de 500 mil empleos y, de acuerdo con las cifras presentadas, se ubica como el segundo mayor empleador dentro de las actividades primarias del campo.

La transformación de la uva en vino también representa proceso de generación de valor agregado y de actividad económica que involucra a distintos sectores.

Así, el Día del Vino Mexicano funciona como escaparate para industria que busca que el consumidor conozca no solamente el producto final, sino también el origen de lo que está bebiendo.

La relación entre vino y gastronomía constituye uno de los principales ejes de esta celebración y para Claudia Ramírez, presidente ejecutiva de Canirac, los restaurantes representan las principales vitrinas para los productos mexicanos, porque son espacios en los que se encuentran los ingredientes, recetas, tradiciones y experiencias gastronómicas.

La dirigente restaurantera aseguró que en los últimos tres años se han desarrollado iniciativas para incrementar la presencia del vino mexicano en las cartas de los restaurantes.

Más de 100 restaurantes de 18 estados del país se habían incorporado a las actividades relacionadas con el Día del Vino Mexicano y el mes de octubre, con distintas promociones destinadas a incentivar el consumo de etiquetas nacionales.

Entre ellas destacan esquemas de descorche para vinos mexicanos, con promociones que van de cero a 50 pesos y acciones de consumo y experiencias gastronómicas.

La intención es que el consumidor encuentre más fácilmente vino mexicano en los restaurantes, tenga posibilidades de probarlo y pueda relacionarlo con la diversidad de la cocina nacional.

El Día del Vino Mexicano busca convertir la elección de una botella nacional en experiencia que involucre también a restaurantes, chefs, sommeliers, productores y consumidores. 

Raúl Pereda Razo, director de Desarrollo de Reuniones de la Secretaría de Turismo, señaló que el vino también está adquiriendo dimensión turística porque el vino constituye experiencia cultural, económica y turística. Destacó, el trabajo conjunto entre la dependencia federal y el Consejo Mexicano Vitivinícola para fortalecer este segmento.

Uno de los objetivos planteados es avanzar en la incorporación del enoturismo al Registro Nacional de Turismo, con la finalidad de dotar al segmento de mayor formalidad y competitividad.

Dijo también que existen ocho rutas enoturísticas consolidadas y ubicadas en entidades como Baja California, Coahuila, Chihuahua, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes y, en ellas se amplía el significado del vino más allá de la degustación

El sommelier Ricardo Espíndola, quien cuenta con 25 años de trayectoria en la industria del vino, destacó el trabajo desarrollado desde el ámbito educativo para promover el conocimiento del vino mexicano.

Explicó que, a través de la Escuela Mexicana de Sommeliers, se ha desarrollado especialidad o curso especializado en vino mexicano, con contenidos orientados a conocer las regiones, variedades y características de la producción nacional.

Espíndola puso como ejemplos el Malbec del Bajío, así como variedades como la Marcelana, además de los Cabernet y Tempranillos de Baja California y la diversidad de vinos blancos, espumosos y rosados que actualmente se producen en el país. 

El mensaje que se desprendió del encuentro fue que la celebración no debería agotarse en fecha específica. La industria busca que el Día del Vino Mexicano funcione como punto de partida para generar relación más constante entre consumidores y productores.

Canirac planteó que los restaurantes incorporen más etiquetas nacionales en sus cartas, capaciten a sus equipos, ofrezcan vino por copeo y desarrollen experiencias que permitan acercar el producto a diferentes segmentos de consumidores. La invitación también se dirigió directamente al público: preguntar por vino mexicano, probarlo y recomendarlo.

La lógica es sencilla: detrás de botella existe cadena que comienza con el productor agrícola, continúa con los trabajadores del campo, las bodegas y los especialistas, y se extiende hacia restaurantes, hoteles, operadores turísticos y otros servicios.

Celebrar el vino mexicano significa también reconocer actividad productiva que combina agricultura, industria, gastronomía, turismo, empleo, conocimiento e identidad regional. 

 
Cuatro de cada diez botellas de vino que se abren, en el país, son mexicanas.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.