Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

El ‘Día Cero’ del agua en la CDMX no está a punto de ocurrir

06 Jun 2024
640 veces
El ‘Día Cero’ del agua en la CDMX no está a punto de ocurrir Imagen tomada de: https://twitter.com/conagua_mx
  • Juan Pablo Spinetto remarca que si la CDMX no quiere llegar al tan temido ‘Día Cero’, debe revetir los recortes presupuestarios a la Conagua

 

Primero, las buenas noticias: Ciudad de México no se quedará sin agua en pocas semanas como han vociferado algunos medios de comunicación.

 

La tan anunciada llegada el 26 de junio del llamado ‘Día cero’, el punto en que la ciudad no podrá suministrar más agua a sus habitantes, es de hecho un ejercicio teórico mencionado durante meses por la prensa pero poco probable a corto plazo.

 

Ahora las malas noticias: Debido a una combinación de persistente sequía, altas temperaturas e infraestructura anticuada, los sempiternos problemas de escasez de agua en la capital de México se agravan peligrosamente. Aunque sistemas de agua deficientes no son una novedad en esta metrópolis, el cambio climático lleva a las autoridades a imponer medidas de emergencia como el racionamiento y la distribución de agua en camiones cisterna en los distintos barrios.

 

De hecho, la mayor parte del territorio mexicano sufre estrés hídrico: más del 70 por ciento del país experimenta algún grado de sequía y las principales presas están llenas solo a 36 por ciento de su capacidad, frente a 50 por ciento de febrero.

 

Pero centrémonos por un momento en Ciudad de México. El Sistema Cutzamala, un conjunto de embalses, presas, tuberías y plantas de tratamiento de agua que representa aproximadamente una cuarta parte del suministro de la ciudad, ha sido la principal víctima de la sequía. Según cifras oficiales, sus embalses se han reducido a un mínimo histórico de unos 214 millones de metros cúbicos, o 27 por ciento de su capacidad. Eso contrasta con 41 por ciento a principios de 2024 y 36 por ciento en esta época del año en 2023. Además, solo han caído 118.3 milímetros de lluvia entre enero y principios de junio, frente a los 310.1 milímetros del año pasado. Y mayo fue el mes más caluroso en la historia de la ciudad.

 

¿Por qué no llegará el ‘Día Cero’ del agua a CDMX?

Sin embargo, los expertos confían en que aún se pueda evitar el peor de los escenarios. Contacté a la Comisión Nacional del Agua y a dos analistas independientes. Coinciden en que el ‘Día Cero’ se pospondrá porque: 1) Las autoridades, tanto a nivel nacional como local, están tomando medidas de emergencia como la excavación de nuevos pozos y la restricción a la demanda; 2) Junio es tradicionalmente un mes lluvioso, lo que debería ayudar a reabastecer el Cutzamala; y 3) incluso si el Cutzamala se vacía, la ciudad recibe alrededor de 75 por ciento de su agua de otras fuentes.

 

Esto puede no ser muy tranquilizador, pero ofrece una gran lección: un país como México, en el que más de la mitad de su territorio es de climas desérticos o semiáridos, debe tomarse el problema más en serio porque no desaparecerá por arte de magia. De hecho, el calentamiento global hará que las olas de calor y las sequías sean más frecuentes e intensas. Estas temperaturas son solo un anticipo de lo que está por venir —y el clima cada vez más caótico intensificará la presión para encontrar soluciones—.

 

Afortunadamente, el problema figuró en las plataformas de los partidos durante las elecciones nacionales este mes y tanto los candidatos presidenciales como los aspirantes a la jefatura de la Ciudad de México discutieron acaloradamente sus propuestas. Como afirma Franck Gbaguidi, experto en cambio climático y director de Sostenibilidad de Eurasia Group, el creciente escrutinio de los medios de comunicación y la presión pública son cruciales para que las autoridades conviertan el problema en una prioridad medioambiental y política.

 

“Es bueno alcanzar ese punto de inflexión para desencadenar una acción real”, me dijo. “Se necesita ese nivel de atención para que los responsables políticos actúen ya”.

 

En un ambicioso plan que presentó durante la campaña, la virtual presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió a hacer del acceso al agua para consumo humano una prioridad. Quiere cambiar la legislación vigente (que no se actualiza desde 1992); emprender proyectos estratégicos de abastecimiento de agua y utilizar la tecnología para ayudar en el riego agrícola, una industria donde se derrocha mucho. Sheinbaum también dijo que planea revisar las concesiones privadas de agua “para evitar abusos”.

 

“Todos los usuarios del agua deben poner el interés nacional y popular por encima de los intereses individuales”, declaró Sheinbaum, climatóloga de formación, en un discurso el 1 de marzo.

 

Con información de: El Financiero

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.