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Contingencia ambiental ‘no se va’ de CDMX y Edomex

14 May 2024
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Contingencia ambiental ‘no se va’ de CDMX y Edomex Imagen tomada de: https://twitter.com/CAMegalopolis
  • La Fase 1 de contingencia ambiental se mantiene en CDMX y Edomex, por lo que continúa el Doble Hoy No Circula para este martes 14 de mayo.

La Fase 1 de contingencia ambiental se mantiene para este martes 14 de mayo, después de que la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) informara a las 10:00 horas que los altos índices de contaminación y mala calidad del aire persisten en la zona metropolitana del Valle de México.

El Sistema de Monitoreo de la Calidad del Aire de la Ciudad de México prevé que el sistema de alta presión provocará condiciones adversas para la dispersión de los contaminantes en el Valle de México, debido a que el viento será débil y de dirección variable.

“Estas condiciones, junto la limitada formación de nubes hasta las 15:00 horas, radiación solar intensa y una temperatura máxima de 33 grados Celsius, provocarán el estancamiento de los precursores del ozono. Con estas condiciones se estima que la calidad del aire en la ZMVM estará dentro del  rango de Mala a Muy Mala”, detalló.

Por esta razón, el Doble Hoy No Circula se mantiene para este 14 de mayo, con el propósito de reducir las partículas contaminantes. Se trata de la octava continencia ambiental en lo que va del año, ya que esta condición se activó en, al menos, cuatro ocasiones en mayo.

El aumento en el número de contingencias ambientales se debe también a la ola de calor, pues evita la llegada de lluvias y rachas de viento, lo cual son factores que favorecen la concentración de contaminantes.

¿Cómo está la calidad del aire en CDMX y Edomex este martes 14 de mayo?

Según la Dirección de Monitoreo de Calidad del Aire en el Valle de México, al corte de las 9:00 horas, la calidad del aire es mala con nivel de riesgo alto. Según la estación de monitoreo en Santiago Acahualtepec, el índice de contaminantes es de 118 puntos.

Las zonas del Valle de México que registran mala calidad del aire son Gustavo A. Madero, Camarones, Hospital General de México, Iztacalco, Benito Juárez, Pedregal, Centro de Ciencias de la Atmósfera, Ajusco Medio, UAM Xochimilco e Iztapalapa.

¿Cuáles son los autos que no circulan durante la fase 1 de contingencia ambiental?

Debido al Doble Hoy No Circula por la fase 1 de contingencia ambiental que aplica para este martes, estos son los vehículos que no podrán salir:

Vehículos de uso particular con holograma de verificación 2.

Vehículos de uso particular con holograma de verificación 1, cuyo último dígito sea 0, 2, 4, 6, 7 y 8.

Vehículos de uso particular con holograma de verificación 00 y 0, engomado rosa y placas con terminación 7 y 8.

Unidades que no tengan holograma de verificación, como autos antiguos, de traslado, nuevos, los que tienen pase turístico, placas foráneas o placas formadas por letras.

Se restringe la circulación del 50 por ciento en vehículos de reparto de gas LP que no tengan válvula de desconexión seca.

Vehículos de carga local o federal dejan de circular entre las 6:00 y las 10:00 horas, excepto los que estén en el programa de autorregulación de CDMX o Edomex.

Taxis con holograma de verificación 00, 0, 1 o 2 que deban dejar de circular de acuerdo con las disposiciones anteriores, tendrás restricciones entre las 10:00 y 22:00 horas.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.