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Depresión tropical 19 ‘pegará’ a México

14 Nov 2024
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Depresión tropical 19 ‘pegará’ a México Imagen tomada de: https://twitter.com/conagua_clima
  • La depresión tropical Diecinueve tiene potencial para convertirse en tormenta, cerca del sureste mexicano. Esta es su ruta para el 14 de noviembre.

 

Más lluvias ‘acechan’ las costas mexicanas esta semana, mientras se conforma un potencial ciclón en el sureste. Se trata de la depresión tropical número 19 de la temporada y se ubica este miércoles 14 de noviembre sobre el occidente del Mar Caribe.

 

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua Clima), este potencial ciclón Diecinueve se localiza a 455 kilómetros al este de Isla Guanaja, Honduras, y a 710 kilómetros al este-sureste de Puerto Costa Maya, Quintana Roo.

 

El pronóstico indica que la depresión tropical lleva vientos máximos sostenidos de 55 km/h, rachas de 75 km/hr y se desplaza hacia el oeste a 26 kilómetros por ahora.

 

¿Cuál es la trayectoria de la depresión tropical Diecinueve?

Esta nueva depresión tropical en el sureste, que potencialmente podría convertirse en ciclón, refuerza la entrada de humedad en la Península de Yucatán. Eso quiere decir que va a causar lluvias puntuales muy fuertes en Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

 

De acuerdo con el mapa de ruta, la Conagua Clima estima que la depresión Diecinueve pueda subir a categoría de tormenta tropical, hacia la tarde de este jueves 14 de diciembre, todavía lejos de la Península de Yucatán.

 

En tanto, el fenómeno sí podría impactar directamente el sureste mexicano el día lunes 18 de noviembre, pero en ese momento bajará de categoría a depresión tropical nuevamente.

 

La depresión tropical 19 podría tocar tierra en México en los próximos días.

 

¿Dónde llovería HOY 14 de noviembre de 2024?

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) espera que este jueves haya lluvias fuertes y muy fuertes en Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

 

 

Asimismo, se esperan intervalos de chubascos muy fuertes en Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Puebla, Veracruz, Tabasco y Chiapas, además de Guanajuato, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

 

Y habrá lluvias aisladas en Baja California, Nuevo León, Jalisco y Colima.

 

Y el viernes 15 de noviembre, se esperan aguaceros en los siguientes estados:

 

Lluvias fuertes con puntuales muy fuertes: Campeche y Quintana Roo.

Intervalos de chubascos con lluvias puntuales fuertes: Tabasco, Chiapas y Yucatán.

Intervalos de chubascos: Baja California, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Veracruz.

Lluvias aisladas: Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo y Estado de México.

Probabilidad de caída de nieve o aguanieve, durante esta noche y la madrugada del sábado: sierra de San Pedro Mártir, B.C.

 

Con información de: El Financiero




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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.