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‘Vive saludable, vive feliz’

11 Mar 2025
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‘Vive saludable, vive feliz’ Imagen tomada de: https://x.com/SSalud_mx
  • Los estudiantes tendrán una breve revisión para identificar si tienen un buen estado de salud

 

¡Va una buena para los estudiantes! Además de prohibir la comida chatarra, el gobierno de México implementará, a partir del próximo miércoles 12 de marzo, la estrategia nacional ‘Vive saludable, vive feliz’.

 

Así lo informó el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) Mario Delgado, quien detalló que especialistas de salud, enfermeras y enfermeros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) así como funcionarios y especialistas de la Secretaría de Salud visitarán 90 mil 832 primarias públicas para revisar la condición de salud de casi 12 millones de estudiantes.

 

Delgado Carrillo también mencionó que este fin de semana se llevará a cabo la jornada “El fentanilo te mata. Aléjate de las drogas. Elige ser feliz”.

 

“Vamos a tener actividades culturales, deportivas, se van a hacer periódicos murales, el sábado vamos a invitar a la comunidad; estos aprendizajes que han tenido los niños, las niñas, los jóvenes, cada semana instruidos por sus profesores”, detalló Delgado, en la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

¿En qué consiste ‘Vive saludable, vive feliz’?

‘Vive saludable, vive feliz’ es una estrategia implementada por la SEP en coordinación con la Secretaría de Salud y el DIF, que consta de brigadas de especialistas que acudirán a las escuelas, para verificar el estado de salud de los estudiantes en cuatro estaciones.

 

La primera estación es la de talla y peso, en la que se utilizará una báscula y un estadímetro para pesar y a medir a todas y todos los niños.

 

“Hacer esta revisión es de suma importancia, pues en las últimas dos décadas la obesidad infantil aumentó un 20 por ciento. Además, en niñas y niños de 6 a 11 años aumentó la anemia un 3 por ciento y la desnutrición por falta de vitaminas B12, D, hierro y zinc", detalló Delgado en febrero pasado.

 

En la segunda estación se realizará una valoración visual a los y las niñas con el apoyo de las enfermeras del IMSS, que están especialmente capacitadas para hacer la prueba de Snellen.

La tercera estación es la de salud bucal, donde las y los enfermeros explicarán la técnica correcta para el cepillado de dientes.

 

Finalmente, en la cuarta estación, personal especializado de la Secretaría de Salud dará una plática sobre conductas y hábitos que generen bienestar en los niños con el fin de promover estilo de vida saludable.

 

Los datos de los estudiantes se recopilarán en una tableta electrónica para formar el Expediente Digital de Salud Escolar, donde se informarán los resultados de los menores, de manera exclusiva a las familias

 

El resultado estará acompañado de una guía para padres y madres con recomendaciones básicas sobre vida saludable y, en caso de ser necesario, se enviará los datos para acudir con especialistas en clínicas del IMSS o IMSS Bienestar para atenderlos.

 

Con Información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.