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Científicos alertan que La Niña provocará una grave sequía en México

13 Mar 2025
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Científicos alertan que La Niña provocará una grave sequía en México Imagen tomada de: https://x.com/conagua_clima
  • Aunque La Niña provocará lluvias extraordinarias en el sur del país, estados como Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sinaloa y Sonora sufrirán una sequía extrema

Expertos mexicanos advirtieron, este miércoles 12 de marzo, que la sequía que afecta a más del 53 por ciento del país, especialmente a los estados del noroeste, se verá acentuada con el fenómeno meteorológico La Niña, recrudeciendo la falta de agua y generando lluvias extraordinarias en el sur del país.

“Lo difícil es que el cambio climático altera los patrones naturales de la tierra. Altera al monzón de Norteamérica, altera a El Niño o La Niña, agudizará todo proceso, donde llueve lloverá más, lugares secos serán aún más secos”, señaló a EFE América Nallely Lutz Ley, profesora e investigadora del Colegio de Sonora.

Recordó que el fenómeno meteorológico de La Niña es más impredecible con el cambio climático ocurriendo.

“Lo que sabemos es que las temperaturas van a incrementar, la lluvia bajará en términos de volumen y serán más impredecibles. Lamentablemente, estamos en (una) zona que es foco rojo del cambio climático”, afirmó la especialista.

La Organización Meteorológica Mundial y el Instituto Internacional de Investigación sobre Clima y Sociedad determinaron que La Niña comenzó en el Océano Pacífico tropical en enero, y ha mantenido sus efectos desde febrero hasta abril, según el último pronóstico.

Lutz Ley advirtió de que el gobierno mexicano, los productores y la sociedad, no están tomando medidas de adaptación o mitigación a los efectos del cambio climático.

Recordó que La Niña y el cambio climático impactan a todos los sectores de la economía, desde lo doméstico, con la escasez de agua, hasta la producción agropecuaria e industrial.

La Niña ‘golpea’ sector agrícola

Según el Monitor de Sequía en México, que quincenalmente publica la Comisión Nacional del Agua (Conagua), todo el noroeste del territorio nacional presenta niveles de sequía que van de severa a excepcional.

De estos estados, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sinaloa y Sonora, están completamente secos.

Mientras que en los valles agrícolas de Sonora, reconocidos como el “granero de México”, dejaron de sembrarse 234 mil hectáreas de cultivos, lamentó Humberto Borbón Valencia, director del Distrito de Riego Río Yaqui.

“Si continúa esta situación de sequía otro ciclo agrícola más, la verdad que varios productores van a cerrar sus negocios, no se puede depender de algo insostenible, es algo realmente crítico”, aseguró el líder campesino.

Avisó que “se están conjuntando cosas terribles para la producción agrícola”, como la sequía y la situación en los mercados internacionales, donde están “pésimos” los precios del grano.

En Sonora, el segundo estado con mayor producción bovina, el hato ganadero se redujo por la sequía de un 1.2 millones de vientres a 750 mil cabezas de ganado.

En este contexto, los ganaderos prefieren vender sus animales que verlos morir de sed.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.