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Yucatán, tercer lugar nacional en donación voluntaria de sangre

27 Jun 2017
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Mérida, 27 Jun (Notimex).- Yucatán se ubica en el tercer lugar nacional de donación voluntaria, por arriba de la media nacional que es del 3.8, con más del 27 por ciento, informó la directora general del Centro Nacional de Transfusión Sanguínea (CNTS), Julieta Rojo Medina.

En el marco del Segundo Congreso Internacional de Donación Voluntaria 2017, la funcionaria expuso que lo anterior demuestra que Yucatán presenta notables avances en la materia de donación voluntaria, muy por arriba de otras entidades del país.

Durante el acto protocolario, expuso que gran parte de esos logros se deben a la actitud mostrada por diversos actores institucionales que han fomentado la participación social para esta causa, y reconoció la labor realizada por la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY), a través de su Centro Estatal de Donación, que ha permitido alcanzar esos objetivos.

Añadió que esta formación tiene como objetivo mejorar la planificación, ejecución y evaluación de las estrategias para reclutar y captar donantes voluntarios, en el marco del Programa Permanente de Transfusión Sanguínea.

Durante el acto, la SSY recibió una unidad móvil para donación voluntaria de plasma, la cual cuenta con dos consultorios, seis camillas para sangrado, una planta generadora de energía propia y cuatro máquinas de aire acondicionado.

Esto le permitirá a la dependencia estatal desplazarse a los municipios, con lo cual se hace accesible para la población contribuir a fortalecer esta cultura altruista.

Por su lado, el titular de la SSY, Jorge Mendoza Mézquita, señaló que durante el encuentro serán impartidos cuatro talleres dirigidos a personal de trabajo social, equipos multidisciplinarios de salud y de servicios de sangre.

Entre los temas impartidos en este Congreso sobresalen la experiencia en el reclutamiento y fidelización del donador voluntario de sangre, que será impartido por los directores de los centros estatales de transfusión de los estados de Chihuahua, Coahuila y Sonora, Gilberto Grijalva Saavedra, Luis Eduardo Herrera Salas y Édgar Velásquez Vega, respectivamente.

Las organizaciones que participaron en el encuentro son Global Blood Found, Voluntariado Vydas I.A.P., la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, Dona Esperanza A.C., Doctor Sonrisas, Doctores del Humor, Donando Sangre, Compartiendo Vida y Sueños de Ángel, entre otros.

NTX/TAM/AEG
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.