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Mexicana aprovecha residuos agroindustriales para crear pan y cerveza

12 Jul 2017
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México, 12 Jul (Notimex).- Mediante residuos agroindustriales como cáscara y corazón de piña, manzana, pera y plátano, la científica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), María Elena Ramos Cassellis, produce panqués y cerveza, entre otros productos, con alto valor nutricional.

En el caso de las barras elaboradas con harina de trigo y fibra de piña o manzana, indicó que dicho producto disminuye 20 por ciento la absorción de glucosa en la sangre, debido a que las cáscaras conservan algunos componentes que proveen a los productos mayor fibra, antioxidantes y compuestos bioactivos.

“Mientras que en el caso de antioxidantes, con esta fibra se logró 30 por ciento más de consumo de antioxidantes que una barra comercial de fibra”, destacó.

En entrevista con la Agencia Informativa del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), explicó que para lograr el resultado, primero dieron un acondicionamiento previo a los compuestos, ya que los residuos tienen diversas enzimas y levaduras fermentativas, que aceleraban su descomposición.

Agregó que el acondicionamiento consiste en realizar un tratamiento físico que facilita que la piña suelte sus azúcares libres, fermentables, lo cual delimita su oxidación enzimática. Después se seca para que sea molida.

Ramos Cassellis refirió que para evitar la incorporación de aditivos químicos al proceso, decidió manejar el residuo como materia prima, a fin de que se mantenga lo más pura posible.

“Los resultados determinaron que, como fuente de fibra, era funcional; en comparación con otras fuentes comunes como el trigo, este polvo presenta baja capacidad de intercambio iónico, es decir, capacidad de atraer minerales, lo que significa que no funcionaría como antinutriente”, subrayó la especialista.

Además de la piña y manzana, entre las líneas de aprovechamiento destacan el residuo procesado bajo el mismo método del plátano, que fue empleado para la elaboración de una cerveza artesanal tipo stout, oscura, aromática y poco alcohólica.

Para el desarrollo de dicho producto, la doctora realizó la caracterización del residuo, el cual se adicionó como una fuente de hidratos de carbono para la fermentación de la levadura empleada en la elaboración de la cerveza.

“Debido a los ácidos orgánicos que aún hay en esa cáscara, la cerveza presenta notas frutales, obteniendo un producto con sabor agradable para el consumidor”, afirmó.

La doctora de la Facultad de Ingeniería Química de la BUAP subrayó que en la elaboración de cualquier producto adiciona de 10 hasta 30 por ciento de residuo a la fórmula original, para mantener la calidad nutricional y tecnológica del alimento o bebida. 

NTX/ICB/PSG
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.