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El Fondo Editorial Estado de México promociona a los Pueblos Mágicos y con Encanto a través de su colección Mosaicos Regionales

18 Jul 2024
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El Fondo Editorial Estado de México promociona a los Pueblos Mágicos y con Encanto a través de su colección Mosaicos Regionales Imagen tomada de: http://edomexinforma.com.mx/
  • A través de esta colección se conocen las costumbres y tradiciones de estos sitios llenos de atractivos culturales y sociales

 

El Fondo Editorial Estado de México (FOEM) cuenta con la Colección Mosaicos Regionales, que tiene como finalidad promover el conocimiento de los valores culturales que nos identifican y que son un timbre de legítimo orgullo de las y los mexiquenses.

 

Inspiran a esta colección las denominaciones de Pueblos Mágicos y Pueblos con Encanto, mismas que han recibido varios municipios del Estado de México, ejemplos emblemáticos de dicho conjunto de valores, los cuales nutren el patrimonio tangible e intangible e ilustran puntualmente la multiculturalidad de la entidad.

 

Al revalorar y difundir la riqueza cultural de estos municipios, se busca fortalecer, por un lado, los signos de identidad y pertenencia de los habitantes oriundos y, por otro, extender la invitación para que las y los visitantes vayan más allá del aspecto turístico y se interesen por los rasgos más genuinos de estos lugares.

 

Uno de los municipios que integra esta colección es Amecameca, libro escrito por Mario Alberto Serrano Avelar, con fotografías de Marco Antonio Ortiz Martínez. Dentro de sus páginas se conoce la ubicación geográfica de este Pueblo con Encanto, que cuenta con una vista espectacular; la grave y rotunda silueta del Iztaccíhuatl, la mujer dormida que erotiza el horizonte en su recostada pose de desparpajo y, se supone, de eterna espera.

 

Amecameca, rodeada de un imponente desplegado de recursos naturales, tiene una abundante oferta culinaria que no se limita al catálogo o al menú. Como sucede universalmente, el gusto colma todos los sentidos.

 

Amecameca se convierte entre julio y septiembre en una invitación para consumir chiles en nogada, la preparación barroca por excelencia que, en su mezcla exacta de piñón, perón, durazno, granada, carne molida, plátano, chile poblano y la deliciosa salsa de nogada, alcanza la fusión de sabores que cimenta el ser del mexicano.

 

A través de maravillosas fotografías, el lector podrá dar fe de los bellos paisajes que encontrará en Amecameca, de la gran oferta culinaria y de las diferentes tradiciones que aún se conservan en este municipio.

 

Las y los interesados en conocer más, se puede consultar este libro en su versión digital: https://foem.edomex.gob.mx/libro/amecameca; el resto de la colección también está disponible para consulta digital: https://foem.edomex.gob.mx/mosaicos-regionales

 

Con información de: http://edomexinforma.com.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.