Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Transforman mexiquenses piedras de obsidiana en piezas artesanales de ornato y objetos utilitarios

06 Ago 2024
844 veces
Transforman mexiquenses piedras de obsidiana en piezas artesanales de ornato y objetos utilitarios Imagen tomada de: http://edomexinforma.com.mx/
  • Artesanas y artesanos trabajan con este material como lo hicieron sus ancestros desde tiempos precolombinos 
  • Realizan todo tipo de trabajos, desde artículos utilitarios hasta obras icónicas y ceremoniales 

La región noreste del Estado de México es conocida a nivel mundial por las impresionantes Pirámides de Teotihuacán, pero también por sus bellas piezas de obsidiana que han contribuido a enriquecer la mitología en torno a la civilización Teotihuacana.

 

Parte de su desarrollo fue gracias a la explotación y distribución de la obsidiana, misma que era extraída de dos yacimientos principales: el de la Sierra de las Navajas, actualmente estado de Hidalgo y el de Otumba, en lo que hoy es el Estado de México.

 

La obsidiana se utilizaba principalmente para realizar instrumentos de trabajo, enseres domésticos, herramientas para la cacería y armamento; sin embargo, uno de sus usos más especiales fue para la vestimenta de emisarios militares, incluso como símbolo de poder para altos dirigentes de otras culturas, como la civilización Maya.

 

Además, las obras realizadas con piedra de obsidiana fueron utilizadas para entregar ofrendas a las pirámides del Sol, de la Luna y al templo de Quetzalcóatl.

 

Actualmente, las nuevas generaciones de artesanas y artesanos han dedicado su vida a cultivar este noble oficio creando obras que cautivan la atención de visitantes nacionales y extranjeros.

 

Entre las piezas más representativas están las famosas máscaras de la dualidad de la vida y la muerte, decoradas con bellas incrustaciones de concha nácar y obsidiana verde; también son muy apreciadas las figuras de ídolos, animales o las puntas de lanza.

 

Este arte se ha diversificado y se pueden adquirir una gran diversidad de objetos, ya sean utilitarios o de ornato como tazas, vasos, copas, candeleros, pisapapeles y abrecartas.

 

Además de accesorios de uso personal como anillos, collares, brazaletes, pulseras, aretes y dijes, que se suman a la oferta artesanal de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, ambos Pueblos Mágicos de la entidad mexiquense.

 

El Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México (IIFAEM) invita a visitar los puntos de venta y Tiendas de Artesanías “Casart” para adquirir alguna bella pieza de obsidiana y descubrir parte de la riqueza artesanal del territorio mexiquense.

Con información de: http://edomexinforma.com.mx/

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.