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Anuncian Feria Internacional del Libro Coahuila 2025 “Leer es de Gigantes”

02 Abr 2025
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Anuncian Feria Internacional del Libro Coahuila 2025 “Leer es de Gigantes” Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

Con el eje temático “Inteligencia Artificial y herramientas tecnológicas para las nuevas narrativas”, se anunció la edición 27 de la Feria Internacional del Libro Coahuila “Leer es de Gigantes”, la cual se celebrará del 30 de abril al 11 de mayo en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Coahuila, campus Arteaga.

Blas Flores González, jefe de Gabinete y Proyectos Estratégicos, con la representación del gobernador Manolo Jiménez Salinas, dio a conocer que, en esta edición, se realizará un homenaje a la literatura de Argentina, una nación con una rica tradición literaria que permitirá explorar su escena literaria actual y su influencia en el pensamiento y la escritura contemporánea.

La institución invitada será el Museo Arocena, un espacio dedicado a la preservación y difusión del arte y la historia, que se ha consolidado como un pilar cultural en la región de La Laguna.

“Estamos muy contentos de anunciar la Feria del Libro de Coahuila, en esta edición, este es uno de los proyectos prioritarios en materia de cultura que tiene la administración del gobernador Manolo Jiménez; creemos que este tipo de espacios culturales hacen mejores ciudadanos, y por lo tanto mejores sociedades, y es donde nosotros le apostamos”, puntualizó.

Dio a conocer que la Feria Internacional del Libro, también se desarrollará en la ciudad de Torreón; además de exhortar a la ciudadanía en general de disfrutar de este gran evento, así como poder recibir a visitantes de los estados vecinos de Coahuila.

A lo largo de los años, este evento se ha consolidado como un referente nacional gracias a la calidad de su programa literario, la participación de numerosas editoriales, su oferta de actividades artísticas, por lo que se espera una asistencia de más de 140 mil visitantes en este 2025.

En el evento se contó con la participación de Esther Quintana Salinas, secretaria de Cultura; de Félix Ibarra Linares, coordinador General de Difusión y Patrimonio Cultural de la UAdeC y la intervención en línea de María Gabriela Quinteros, embajadora de la República Argentina en México y de Carlos Nicolás Muñiz, presidente de la comisión de Ferias de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.

También se contó con la asistencia de Jorge Alberto Salcido Portillo, subsecretario de Educación Básica; Fabiola Favila Gallegos, directora General de Museo Arocena; Leticia Rodarte Rangel, directora del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo; Alejandra Garza Palomares, gerente de Recursos Humanos de BorgWarner Ramos Arizpe; Pedro Moreno Salazar, director del Centro Cultural Vito Alessio Robles y Filiberto Urbina García, secretario del Ayuntamiento de Arteaga.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.