Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

De lector a escritor con Sofía Segovia cautiva en la Feria Internacional del Libro de Coahuila

06 May 2025
581 veces
De lector a escritor con Sofía Segovia cautiva en la Feria Internacional del Libro de Coahuila Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Coahuila, la escritora mexicana Sofía Segovia presentó su más reciente obra De lector a escritor, un manual concebido para acompañar e inspirar a quienes desean comenzar su camino en la escritura. Acompañada por Susana Cepeda, la autora ofreció una charla íntima y motivadora, en la que abordó los procesos creativos, las dudas del escritor principiante y la importancia de atreverse a contar historias propias.

 

Durante su participación, Segovia compartió con el público un fragmento que resume la intención de su nuevo libro: “Qué cierto es eso de que si no encuentras el libro que necesitas, entonces debes escribirlo tú. Esto te lo digo a ti como invitación, para contagiarte la chispa del atrevimiento. Para recordarte que ese autor que tanto admiras, antes de publicar, empezó, al igual que tú, como lector. ¿Qué hace falta entonces para que des el primer paso? La buena noticia es que el mundo siempre necesitará historias y qué mejor si es la tuya.”

 

El libro está dirigido a quienes desean pasar de ser lectores apasionados a creadores conscientes. A través de ejemplos, ejercicios y consejos prácticos, la autora ofrece herramientas para desarrollar personajes, elegir el género narrativo adecuado, construir diálogos creíbles y evitar errores comunes en la escritura. Más allá de las técnicas, el texto tiene un tono cercano, diseñado para acompañar al lector-escritor en su proceso creativo con confianza y claridad.

 

Sofía Segovia ha desarrollado una carrera literaria sólida y diversa. Nacida en Monterrey, estudió Comunicación en la Universidad de Monterrey con la intención de dedicarse al periodismo. Sin embargo, pronto descubrió otras formas de expresión escrita. Ha sido ghostwriter, coordinadora de imagen y comunicación para campañas políticas locales, y guionista para teatro amateur. Desde 2013 imparte talleres de creación literaria, y algunos de sus alumnos han logrado publicar con éxito.

 

Su primera novela, Noche de huracán, fue publicada en 2010 por CONARTE. No obstante, fue con El murmullo de las abejas (Lumen, 2015) que su nombre alcanzó proyección internacional. Esta novela ha sido traducida a veinte idiomas, incluyendo el inglés, y ha vendido más de 50,000 ejemplares en todo el mundo. En 2019, la editorial Amazon Crossing lanzó la edición en inglés bajo el título The Murmur of Bees, lo que consolidó su presencia en el mercado literario anglosajón, donde recibió reseñas favorables de medios como The Washington Post, Bookriot y Booklist. Actualmente, la obra cuenta con más de un millón de lectores a nivel global.

 

A lo largo de su trayectoria, Segovia ha sido reconocida por su capacidad de combinar una prosa lírica con una sensibilidad profunda hacia la historia, la identidad y la emoción humanas. En El murmullo de las abejas se encuentra una de sus citas más recordadas, que da muestra de esa mirada poética: “Diles que caminen por la sombra. Que escuchen con los ojos, que vean con la piel y que sientan con los oídos, porque la vida nos habla a todos y sólo debemos saber y querer escucharla, verla, sentirla.”

 

Con la presentación de De lector a escritor, Sofía Segovia reafirma su compromiso con la difusión de la literatura no solo como oficio, sino como experiencia vital. Su propuesta es clara: cualquier persona que ame las historias puede aprender a contarlas, siempre que esté dispuesta a mirar el mundo con atención y a trabajar con disciplina. Su intervención en la Feria no solo atrajo a lectores, sino también a quienes desean dar el salto a la escritura, y que encontraron en su voz una guía honesta y alentadora.

 

Así, la participación de Sofía Segovia en la FILC no solo consolidó su presencia como autora consagrada, sino también como formadora de nuevas voces literarias, convencida de que toda historia merece ser contada si nace de la verdad del corazón humano.

 

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.