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‘Ley Bonilla’ no está consumada, aunque asuma el gobernador: INE

28 Oct 2019
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  • El consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, confía en que la Suprema Corte no permita el atropello a la democracia que se pretende al ampliar de dos a cinco años la gubernatura de Baja California.

 

La toma de protesta de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California, el próximo 1 de noviembre, no implica la consumación del atropello a la democracia que se pretende hacer, afirmó el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova.

 

Al respecto, señaló que en el instituto existe plena confianza en que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) juegue su papel de salvaguarda de la Constitución y la democracia con “Ley Bonilla”.

 

Córdova Vianello también puntualizó que ese organismo electoral ya presentó ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) una “acción declarativa”, que se integró en el expediente de juicio electoral, para que los magistrados determinen con claridad el periodo de dos años en la gubernatura de Baja California.

 

Ello, anotó el consejero presidente del INE, “de acuerdo con la convocatoria original del proceso electoral de aquella entidad, así como por las sentencias consecutivas emitidas por el propio Tribunal”.

 

“El ejercicio de la ‘acción declarativa’ otorgará a la ciudadanía y a las autoridades electorales la certeza respecto del periodo que debe permanecer en el encargo el gobernador electo”, expuso.

 

Córdova anotó que, en su recurso, el instituto establece que es necesaria la intervención de la máxima autoridad jurisdiccional en la materia, porque “se han puesto en entredicho los alcances de la participación política de la ciudadanía, produciéndose un entorno de incertidumbre incompatible con el carácter democrático y republicano de los gobiernos electos popularmente”.

 

Expuso que se considera procedente la “acción declarativa”, ya que hay una situación que produzca incertidumbre o falta de seguridad en un posible derecho, y la posibilidad de que con esa situación se afecte en cualquier modo ese derecho.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.