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Economía mexicana apunta a una caída en tercer trimestre

25 Oct 2019
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  • El Indicador Global de la Actividad Económica retrocedió 0.40% anual en el octavo mes, y según los expertos, el próximo 30 de octubre se daría a conocer que la economía mexicana prácticamente no creció.

 

La economía mexicana registró un segundo tropiezo durante agosto y apunta a una contracción durante el tercer trimestre.

 

Medida con el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), registró un retroceso de 0.40 por ciento anual en el octavo mes, con base en cifras ajustadas por estacionalidad, lo que representó su segunda caída consecutiva, según registros del INEGI.

 

Con este resultado, entre julio y agosto acumuló una baja de 0.5 por ciento, respecto al mismo lapso de hace un año. En la variación mensual, el IGAE mostró una variación de 0.1 por ciento, dato ligeramente superior a la contracción de 0.2 por ciento observada en julio.

 

Alonso Cervera, economista en jefe para América Latina de Credit Suisse, indicó en entrevista con El Financiero Bloomberg, que lo más probable es que en el reporte del INEGI del próximo 30 de octubre se dé a conocer que la economía mexicana prácticamente no creció con respecto al segundo trimestre, por lo que ya serían dos trimestres consecutivos con una variación cercana al cero y cuatro trimestres con una economía estancada.

 

“El debate sobre si la economía está en recesión va a regresar, ya que el crecimiento durante el tercer trimestre en comparación del segundo va a ser muy cercano al cero”, puntualizó el especialista.

 

Juan Carlos Alderete, economista senior de Grupo Financiero Banorte, señaló que el reporte mensual no otorga señales suficientes de un mayor dinamismo económico.

 

“Además, se mantiene en pie la posibilidad de una contracción en el tercer trimestre de 2019, lo que es preocupante tomando en cuenta que México apenas evitó caer en una ‘recesión técnica’ en la primera mitad”, añadió.

 

La lectura más llamativa del mes recayó en el sector servicios, principal motor de la economía, ya que bajó 0.09 por ciento anual, lo que significó su primer dato negativo desde 2009, año en el que la crisis económica impactó a México y al mundo.

 

Las actividades secundarias cayeron 1.05 por ciento, por lo que acumularon un año en números rojos.  En las actividades primarias se registró una desaceleración de 0.86 por ciento, su nivel más bajo en tres meses.

 

‘Brotes’ positivos

 

Alejandro Saldaña, subdirector de análisis económico de Grupo Financiero Ve por más, dijo que pudiera haber una mejoría marginal al cierre del año.

 

“Lo anterior condicionado a que se estabilice la producción de petróleo; a un menor subejercicio del gasto público; una moderación en la caída en la inversión ante la disipación parcial de incertidumbre y una reducción del costo financiero; y que las exportaciones sigan creciendo”, mencionó.

 

Cervera dijo que la actual debilidad económica y el hecho de que ya se alcanzó el objetivo de inflación de tres por ciento, son dos incentivos que tienen Banxico para prolongar el recorte de tasas de interés.

 

“El recorte de tasas de interés ya está muy ‘cantado’, por lo que es casi un hecho que en la reunión del próximo 14 de noviembre la tasa de referencia volverá a disminuir, la duda es si será de 25 puntos base o si la Junta de Gobierno se animará a reducirla en 50 puntos”, dijo.

 

 

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.