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Francia bloquea intento de Unión Europea para retrasar el Brexit

25 Oct 2019
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  • El presidente francés, Emmanuel Macron, busca instar a la Cámara de los Comunes a aprobar el plan de Boris Johnson. Esta opción pone 'en jaque' al bloque, quienes tienen hasta el martes de la próxima semana para tomar una decisión al respecto.

 

El presidente francés, Emmanuel Macron, bloqueó este viernes el intento de la Unión Europea de retrasar el Brexit durante tres meses, lo que aumenta la posibilidad de que Reino Unido no sepa si obtendrá una extensión hasta pocas horas antes del 31 de octubre, incluso sin un acuerdo.

 

En una reunión en Bruselas, diplomáticos de los 27 países restantes del bloque aplazaron una decisión sobre el aplazamiento. Si bien ninguno de ellos quiere ser visto interfiriendo en la política interna de Reino Unido, Francia está en desacuerdo con los demás.

 

Macron quiere otorgar un retraso hasta el 30 de noviembre, o incluso antes, para instar a la Cámara de los Comunes para que respalde el acuerdo de Boris Johnson.

 

Otros gobiernos de la UE ven eso como una gran apuesta porque podría conducir a un 'divorcio' sin acuerdo. Están presionando para posponer el Brexit hasta el 31 de enero del próximo año para dar tiempo a las elecciones generales.

 

El jueves, Johnson comentó que buscará una elección el 12 de diciembre. Pero para celebrarla, necesita el apoyo de dos tercios de los miembros del Parlamento, y el opositor Partido Laborista ha dicho que la bloqueará si no se retira de la mesa la propuesta de una salida de la Unión Europea sin acuerdo.

 

Los diplomáticos tienen hasta el martes para tomar una decisión. Si no lo hacen, la UE podría convocar una cumbre de emergencia de líderes del bloque que dejaría a Reino Unido suspendido a medida que el tiempo se acerca a la salida programada del país.

 

Sin un acuerdo o una extensión, la nación saldría del bloque sin la red de seguridad económica de un acuerdo a fin de mes.

 

Ningún gobierno de la UE rechazará un retraso de algún tipo, pero la pregunta es cuándo decidirán otorgarlo, comentaron las autoridades.

 

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.