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Cofece aconseja a candidatos: adiós a la economía ‘de cuates’

12 Dic 2017
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La Cofece apunta que las próximas elecciones representan una oportunidad para dar el paso y terminar con décadas de privilegios respaldadas por regulaciones deficientes, por lo que sugiere establecer una plataforma para modernizar la economía del país.

La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) sugirió a los futuros candidatos a la Presidencia y a quienes instrumenten políticas públicas, establecer una plataforma para modernizar la economía mexicana que permita crecer con equidad, erradicando una economía de ‘cuates’ y de ‘privilegios’, para transitar a una con competencia.

La semana pasada, la Cofece publicó el documento “Competencia económica. Plataforma para el crecimiento 2018-2024”, en el que recomienda acciones para que México crezca con cualquier candidato para los poderes ejecutivo y legislativo.

Ante las barreras a la competencia que reprimen el crecimiento y desarrollo, el organismo sostiene que las próximas elecciones son una oportunidad para comenzar a terminar con décadas de privilegios, a partir de políticas y regulaciones deficientes, que sólo dejan inequidad entre la población.

En entrevista con El Financiero, la comisionada afirmó que las reformas de 2013 tuvieron un alto componente de competencia, pero generar las condiciones para que sea efectiva en una economía tan compleja como la mexicana es un trabajo de largo aliento.

“Las reformas se explican como respuesta a los profundos retos que enfrentábamos. Con la reforma en competencia se creó la Cofece y los tribunales especializados que, a la par de otros reguladores relevantes, están abriendo mercados históricamente cerrados a la competencia y han comenzado a implementar una nueva fase de política pública”, señaló Palacios.

Sin embargo, advirtió que no se puede ignorar que hay regulaciones, actuaciones y comportamientos de las autoridades, de todos los órdenes de gobierno, que son obstáculos claros a la competencia y que deben eliminarse.

Jorge Sánchez, investigador de la Fundación de Estudios Financieros, aseguró que el tema de competencia es relevante para el próximo gobierno y sea quien sea el ganador debe adoptar una agenda de política pública a favor de este punto.

Las ventajas

Cuando no hay competencia, los ciudadanos pagamos más por los bienes y servicios que consumimos, los cuales pueden ser, además, de mala calidad. Sin competencia, por ejemplo, en compras de gobierno, hay mayores probabilidades de concursos dirigidos, advirtió Palacios.

Cuando no hay competencia los ciudadanos pagamos más por los bienes
y servicios que consumimos

Los beneficios de la competencia son claros: precios bajos, mejores bienes y servicios, mayores alternativas de compra para el consumidor y, en general, eficiencia en los mercados, que se traduce en bienestar social.

El documento de Cofece es una propuesta que puede ser tomada como herramienta al momento del diseño de las plataformas políticas, pues sería deseable que la competencia económica fuera un elemento relevante en las propuestas políticas rumbo al 2018, destacó.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.