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Cumbre de OMC cierra sin acuerdo tras crítica de EU

13 Dic 2017
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La reunión bianual de la Organización Mundial de Comercio llegó a su fin sin un acuerdo multilateral; propuestas como el combate de los subsidios a la pesca ilegal quedaron pendientes, por lo que sólo se firmaron programas de trabajo a futuro.

Buenos Aires.- La reunión bianual de la Organización Mundial de Comercio (OMC) finalizó este miércoles sin que se alcanzaran acuerdos, después de críticas de Estados Unidos y vetos de varios miembros, lo que alimenta las dudas sobre la capacidad del organismo para ordenar las crecientes disputas sobre intercambio global.

Los ministros de Comercio no tenían expectativas de lograr grandes reformas en el encuentro realizado en Argentina, pero incluso los pocos temas sobre la mesa, como los subsidios a la pesca ilegal y el comercio electrónico, quedaron truncos.

"No hemos alcanzado ningún acuerdo multilateral", dijo en una rueda de prensa la comisaria de Comercio en la Comisión Europea, Cecilia Malmstrom. "Los miembros ni siquiera pueden acordar dejar de subsidiar a la pesca ilegal. Horrible", había escrito más temprano en su cuenta de Twitter.

La funcionaria dijo que la cumbre dejó al descubierto las deficiencias del sistema de negociación de la OMC, que requiere el apoyo unánime de sus 164 miembros para tomar decisiones.

Malmstrom consideró que el fracaso se debió en parte a Estados Unidos, pero que otras naciones también impidieron lograr avances, por ejemplo con vetos.

El director general de la OMC, el brasileño Roberto Azevêdo, dijo en la sesión de clausura que los miembros del organismo deberán reflexionar profundamente sobre el camino hacia adelante y darse cuenta de que no pueden obtener todo lo que quieren.

Ante la ausencia de acuerdos, los ministros se concentraron en firmar programas de trabajo a futuro, como planes para mejorar la eficiencia de mercados y limitar los excesos de capacidad industrial, dijo a periodistas el portavoz de la OMC, Keith Rockwell.

La intervención discordante que realizó el primer día el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, dejó efectivamente sin rumbo a la conferencia.

Guiado por el lema del presidente Donald Trump "Estados Unidos Primero" y por la inclinación a cerrar acuerdos bilaterales, el país objetaba las referencias al rol central de la OMC y al comercio como motor del desarrollo.

El lunes, el representante de Estados Unidos dijo que la OMC se está enfocando en los litigios en lugar de hacerlo en las negociaciones comerciales, y que está siendo demasiado laxa con países en vías de desarrollo ricos como su rival China.

Muchos expertos en comercio están consternados porque Estados Unidos está vetando nuevos compromisos judiciales en la OMC, lo que sumergió en una crisis el sistema de disputas comerciales.
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.