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Ford trasladará producción del Fusion de México a China

13 Dic 2017
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En el 2020, la automotriz estadounidense trasladará su producción del sedán, que se fabrica en Hermosillo, México y en Valencia, España, a la planta de Chongqing, China, de acuerdo con fuentes de Reuters.

Ford Motor planea consolidar la producción global de sus sedán de tamaño medio en China en el 2020, dijeron tres fuentes este miércoles.

En América del Norte, el sedán Fusion se fabrica actualmente en la ciudad de Hermosillo, en México, mientras que en Europa el modelo Mondeo se produce en la ciudad española de Valencia.

Ambos modelos serían rediseñados a mediados o finales del 2020, cuando Ford planea trasladar su producción al municipio de Chongqing, a una planta conjunta operada con el socio chino de la firma automotriz Changan Automobile, de acuerdo a fuentes vinculadas a proveedores de partes de Ford y que están familiarizadas con los planes futuros de producción.

Ford dijo que no enviará esos autos desde China a Estados Unidos y Europa. Tampoco se refirió al futuro de sus plantas en Hermosillo (México) y Valencia (España), que actualmente fabrican esos automóviles para los mercados de América del Norte y Europa, respectivamente.

"No tenemos planes de exportar la próxima generación de los modelos Fusion/Mondeo desde China a América del Norte y Europa (...) Tendremos más información más adelante", señaló Ford en un comunicado.

Documentos de Ford compartidos recientemente con proveedores muestran que la empresa planea pasar parte de su producción de Focus y Mondeo a China y ya no señala a Hermosillo y Valencia como lugares de fabricación de esos modelos, de acuerdo a dos fuentes conocedoras de los planes de la compañía.

La decisión es parte de los actuales esfuerzos del presidente ejecutivo, Jim Hackett, para recortar costos, mientras cambia el énfasis de la compañía desde los modelos sedán hacia los vehículos deportivos utilitarios y todo terreno, especialmente en América del Norte.

En junio, Ford había dicho que cambiaría la producción de su auto de pequeño tamaño Focus desde México a China e importaría los vehículos hacia Estados Unidos.

Las últimas medidas de Ford podrían frenar las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de revocar o modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Tal como en el caso del Focus, la decisión de producir el Fusion en China también señala un giro en la estrategia de Ford, que está respondiendo a una disminución de la demanda de los consumidores estadounidenses por los vehículos de pasajeros en favor de camionetas y SUV.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.