Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Anaya no entiende de finanzas: Meade

14 Dic 2017
186 veces

El exsecretario de Hacienda, José Antonio Meade, pintó su raya con Ricardo Anaya y dijo que la propuesta del expanista refleja una falta brutal de comprensión de las finanzas públicas. 

CIUDAD DE MÉXICO.- En la primera entrevista a un medio impreso al arranque de su precampaña por el PRI, José Antonio Meade pinta su raya con Ricardo Anaya: su propuesta de renta básica universal, financiada con excedentes del presupuesto, “refleja una falta brutal de comprensión de las finanzas públicas, o si se entiende de finanzas públicas, es un intento real de engañar”.

En pocas palabras, ¿cómo se llama esa propuesta?

-Se llama contabilidad fraudulenta.

-¿Qué te diferencia de Ricardo Anaya?

-La experiencia, la responsabilidad, la preparación y el compromiso de honrar la palabra.

Sobre la propuesta de López Obrador de dar amnistía a los narcos, Meade discrepa: “Me parece que quien ha dañado el tejido social, ha vulnerado vidas, afectado patrimonios, quien ha acabado con los sueños de otros mexicanos, lo menos que tendría que enfrentar son todas las consecuencias de la ley”.

Y agrega: en un país que está ávido de acabar con la impunidad, viene este planteamiento que hace de la impunidad una norma. “Es un planteamiento que no reconoce lo que a este país le duele”.

-¿Qué hay que cambiar en México?

-Inseguridad, corrupción y fortalecer la economía familiar.

Abunda en el tema: “Si aspiramos a ser una potencia, hay que ir cerrando esas brechas que hoy nos vulneran en seguridad, en corrupción, en economía familiar, en pobreza, en espacios de participación para niñas y mujeres, y de aliento a los jóvenes.

-Dicen que estás muy blanco y que además eres pirrurris.

-Saqué la definición de pirrurris y es un término que se usaba en los años setenta, y yo creo que eso pinta bien al que pretende endilgármelo, pero la novedad es que a mí me ha dado mucho el sol.

-¿Puedes demostrar de qué has vivido y cuántos impuestos has pagado en los últimos diez años?

- De los últimos veinte. Y de toda mi trayectoria profesional.

Como candidato, ¿vas a marcar distancia con el presidente Peña?

- Una de las cosas que le hace mucho daño al país, es pensar que hay que reinventarlo todo cada seis años, que tenemos que destruir todo, cuestionarlo todo y reinventarlo todo. Esa práctica (de romper) es propia de un momento en el país que no había espacios democráticos. En un México democrático lo que toca, para seguir avanzando, es hacer una evaluación de dónde estamos, reconocer todo aquello que está funcionando, que nos da certeza, y reconocer con la misma claridad, con sentido autocrítico, aquello que nos duele, lo que nos lastima, lo que nos ofende.

Entre lo que no ha funcionado está la seguridad. ¿Tendrás alguna propuesta?

- Desde el principio y será central (en la campaña). Es un tema que nos vulnera en lo fundamental. La principal responsabilidad de un gobierno es salvaguardar la integridad y la seguridad de las personas. Eso vemos que en la realidad no está funcionando como debiera, y debe llevarnos a la reflexión de qué hay que corregir en las instituciones para que tengamos un resultado distinto.

La impunidad

- Sí, claro. Ofrecer impunidad bajo ningún diagnóstico hace sentido, como receta, para enfrentar la violencia. Al contrario. Lo que tenemos hoy en México es que el número de homicidios que terminan con una sentencia es bajísimo.

La corrupción es otro brazo que atenaza el malestar social

- Ahí tenemos que hacer una revisión de dónde hay opacidad para que tengamos transparencia. Es un tema que es de todos los niveles de gobierno y de la vida cotidiana.

José Antonio Meade hace una pausa, y se pregunta: ¿a qué deberíamos aspirar? Se responde: “A que no hubiera un solo peso al margen de la ley. En todo, en los trámites, en toda interacción con el gobierno, en todos los procesos de contratación.

López Obrador tiene proyectos que implican 400 o 500 mil millones de pesos y dice que los va a obtener de ahorros.

- Mira, todo el presupuesto del gobierno federal, todo, completo, de todos los ramos administrativos es un millón de millones de pesos, por lo que 500 mil millones de pesos implicaría un país que tuviera que cerrar 14 de 18 secretarías, tendría que acabar con todos los programas médicos, acabar con todos los programas sociales. Esa cantidad implica, para ponerla en perspectiva, el doble a todo lo que gasta el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Le preocupa la propuesta de Anaya de financiar la renta básica universal con los excedentes presupuestales: “Me parece profundamente irresponsable que uno destine los remanentes del Banco de México al gasto corriente”. En dos años ha habido remanentes, pero próximo tal vez no. ¿Y entonces?

Esa propuesta “implicaría que se redujeran los programas sociales para quienes más los ocupan, y que se ampliaran para los que no tienen necesidad de ello”.

¿Por qué implicaría quitar programas sociales?

- Porque no hay otra forma de financiarlo. Entonces estaríamos ya no como Chucho el Roto, sino como Roto el Chucho.

¿Cuáles serían los dos o tres grandes retos para el próximo gobierno?

- Tenemos un reto en materia de seguridad, un reto en materia de corrupción, un reto en consolidar la economía familiar, y seguimos teniendo un reto de inclusión.
Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.